Con Leticia a la salida de la Basílica de San Pedro.
Frente al Coliseo o Anfiteatro de RomaCapitulo XIII
DE VUELTA A ROMA
Reflexiones de un turista
De vuelta a Roma para terminar el tour, faltaba el Coliseo Romano. Llegamos en la tarde y al bajarnos divisamos unos… Romanos!?. Eran unos personajes disfrazados de Romanos a la usanza del antiguo imperio. En cualquier lugar, los tipos que se disfrazan nunca cumplen el objetivo de parecerse a quienes representan. No se por efectos de que, uno nunca les logra creer. Está bien, si sé. Lo que sucede es que estos romanos de partida estaban medios copeteados, me imagino que para resistir todo el día necesitas alguna ayudadita, sobre todo si lo haces con coreanos o japoneses, que te exigen la paciencia similar a la que tienes cuando juegas con niños Down, además se parecen.
Los trajes siempre son como “si fueran” y no como fueron. Pero bueno, se hace irresistible no sacarse una foto con ellos, sobre todo para los gringos que alucinan con ese tipo de cosas “freak”.
El Coliseo comenzó a llamarse así, muy probablemente por encontrarse cerca del coloso de Nerón, pero también recibe el nombre de “anfiteatro” debido a que arquitectónicamente, es la unión de dos teatros enfrentados, sin embargo con un pequeño ajuste debido a que su forma es elíptica pues si fuera la unión exacta de dos teatros seria más parecida a un “Domo”.
Como muchas cosas en Roma, pero esta por excelencia, posee una magnitud que incluso ahora, siendo la mitad de lo que fue, impresiona por su magnificencia. Es más que un gran monumento, representa el símbolo de la Roma imperial, de la idiosincrasia de un pueblo que para su inauguración, la cual duró 100 días, vió morir a 9.000 bestias. Dicen que no existe historia en Roma, que no esté ligada con algún momento del Coliseo. Y por el siglo VIII d.c., el venerable Beda cantó: “Mientras exista el Coliseo, existirá Roma, cuando caiga el Coliseo, caerá también Roma; y cuando caiga Roma caerá el mundo”.
El Turista
Que distinta es la vida de un turista. Pasar todo el día recorriendo el centro de distintas ciudades. Sin vincularse a la gente ni a la rutina de la ciudad, conectados desde si mismos hacia la historia de la humanidad. Fotografiando momentos y buscando algún ciber o tienda donde descargar las fotos. Eres como una burbuja que vaga por lugares, hoteles, restoranes y al volver a tu tierra desapareces en los cielos sin dejar rastro.
Si hay un guía, este se convierte en una especie de mesías al que hay que seguir. Eres parte de un rebaño que vuelve a mirar todo con una luz distinta si es que el guía apunta hacia algún lugar o una obra.
El viaje se asemeja mucho a la vida misma, partir con un rumbo pero ver que a cada momento las cosas van cambiando, las personas aparecen y desaparecen de tu vida mostrándote que la constante es ese cambio. Muy parecido a la muerte. Avanzar y recorrer, vivenciar, sorprenderse, extasiarse y luego aburrirse en el bus, avión o tren, para contemplar en recogimiento, las experiencias vividas, así cuando somos jóvenes y disfrutábamos de la vida, luego cuando viejos recordamos lo vivido y entendemos muchas cosas de aquella vida loca.
Nunca estás lo suficiente en un lugar como para aferrarte a él, luego de un tiempo sabes que algo te falta pero que has descubierto como desapegarte de lo que creías, era la inevitable rutina de tu vida. Por eso, cuando regresas es lógico sucumbir a la depresión post viaje, pues chocas de frente con la dramática rutina del diario vivir. Tu rutina de vida por años encriptada en tu pieza, casa, barrio, colegio, universidad, trabajo, ciudad y país. Los amigos, los familiares y los hijos son la otra cadena que te aferra a lo aparentemente inmutable, al lugar que sientes que te corresponde en el mundo.
Pero al viajar te das cuenta que puede que no tengas un lugar, que quizás eres del mundo y parte intangible de la humanidad, que nace y muere dejando rastros de sus obras y volviéndolas a destruir. Hacer y deshacer es la historia de creencias, visiones del mundo, gobiernos y guerras. Que tu estadía o tu huella en este mundo realmente es un suspiro que solo apreciarán unas cuantas personas y que al morir ellas, nadie recordará. Incluso de quienes, con mayor fama, logran trascender la barrera de su vida y se instalan en la memoria colectiva, se sostienen en base a un recuerdo distorsionado de ellos, amasado por las creencias y los prejuicios de muchos, en suma es a otro a quien recordarán.
Luego de esto caigo en la cuenta que somos ese momento que vivimos, esa reacción al medio, esa conexión a las personas y seres que se toparon con nosotros en los diversos momentos de nuestra vida, y más allá de ello, seguiremos siendo lo mismo pero en otras circunstancias, en otros planos de existencia. No vale la pena pensar en ser recordado pues ya no serás ese recuerdo, no serás la pena de quienes te extrañan, no serás tus obras, ni tus hijos, por mucho que se te parezcan, solo eres el momento de tu existir donde quiera que vayas, aquí en la tierra o en el más allá. Una sutil sincronía compuesta de puro presente circulando desde tu interior hacia lo que te maravilla allá afuera, lo que te entusiasma, atemoriza y enamora.
El tour llegaba a su término, y muchos se miraban como diciéndose, ya no nos veremos más. Efectivamente, nunca más nos vimos. Es que las cosas son así a menos que retuerzas el destino y busques a alguien a quien viste por una sola vez y logres dar con él o ella.
El ochenta por ciento del grupo partió en dos tandas, una para el país vasco, en España y otros para Madrid.

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