Monday, May 29, 2006

Con Mario y su Señora
Con Ridel y su Señora

Los Amigos

En un tour donde estás constantemente circulando de un lugar a otro, conoces a mucha gente, pero con pocos llegas a una intimar un poco más allá de las apariencias; se necesita un carácter especial y ganas. Una noche de copas pude compartir unas cuantas historias con un extranjero amigable que volcó su simpatía a la mesa al son de cigarros y risas. Otra noche me senté junto a un catalán y el viaje nos soltó la lengua, en fin, un viaje, una historia, miles de palabras, unos cuantos amigos.
A nosotros nos tocaron historias que nos dieron como resultado conocer a una pareja de argentinos radicados en Roma. Simpáticos, de buen humor y muy cariñosos. Con esa mirada aguda sobre lo que costaba cada cosa, sobre las propinas inapropiadas, con una habilidad para negociar, me los imaginaba apadrinándome en todo lo que me parecía injusto. Debieran haber más personas como ellos, poniéndole el ojo a todo lo que no parece justo, claro que al cabo de un tiempo veía a Mario (el argentino) medio agotado, es que en Egipto las cosas no funcionan como en occidente, te ponen los pelos de punta, pero bueno, el era calvo. En algo me hacia recordar a mi padre (que también es calvo) pero con este podía jugar, por ahí quedaron fotos besándole la pelada.
En el tour por Italia se escuchaba un vozarrón de un Madrileño en el primer piso del bus, era un pequeño hombrecillo con un espíritu genial. Una mezcla entre Chespirito (por el tamaño) y Julio Iglesias (por el tonito de voz, pero con carraspera), con respuestas para todo y un humor inquebrantable, pintó el viaje de una gracia especial, que la vez que enfermó hizo que los silencios nombraran su ausencia. Él y su señora llevaban por nombres Jesús y María, me parecía increíble que se llamaran así, a nosotros nos pareció una señal pues representaban nuestro sentido del viaje así como Jesús y María mi madre y yo, entre tantos templos visitados. Jesús (El mortal que viajaba con nosotros), utilizaba el antiguo y sabio ejercicio de reírse de si mismo (ahora que hago memoria, Jesús el divino, no acostumbraba a reírse de si mismo. Sólo era un dato freak). Recuerdo que metidos en un bar que más bien parecía un bosque inmenso de altos italianos, alemanes y canadienses, Jesús caminaba como duende pero al llegar al mesón su vozarrón nos generaba el espacio suficiente para que nos atendieran sin problemas. El podía hacer reír a las más serias Italianas con unos cuantos sonidos pues con tanto dicho español dudo que las Italianas hayan entendido algo pero veían a este hombre dirigirse hacia ellas con tal naturalidad, que solo reían. Lo que es tener el don de la palabra, no?.
También conocimos a una mexicana quien viajaba sola y vestía de un eterno negro casi religioso. Con una voz encantadora y de delicada figura siempre le puso algún comentario ingenioso a muchos lugares por donde pasamos. Son de esas personas que guardan dentro de si un mundo al cual hay que penetrar con ingenio y destreza y que muchos dejan pasar solo por que no brillan lo suficiente, pero que al conocerlas te das cuenta que privan al mundo de una hermosa visión. Es el perfil, muchas veces de esa soltera viajera, de la escritora depresiva, de la trabajólica que fue obligada por su empresa a tomar vacaciones o de la mujer independiente que encuentra que viajar con compañía es señal de debilidad. Cuando logré hablar con ella me pareció que era la trabajólica, pero al conocerla mejor descubrí un sentido del humor excepcional, nada que le dijeras volvía a ti sin un aditivo gracioso. Me recordaba a mi abuela, cerrando un ojo después de una ironía, claro que con 50 años menos.
Un personaje que me gustó por su entrada tipo Pancho Villa fue Ridel. Partió diciendo que se llamada como Fidel Castro pero con “R”, quien no retiene su nombre si no es así?. Con un acento centroamericano, acaramelado y con la sangre de un latino entrado en carnes, alto y gozador, alcancé a compartir unas copas en un bar gracias a que celebraba su cumpleaños. Compraba cada dos horas una cámara fotográfica ya que la cámara digital la había olvidado en Miami. Pobre Ridel, lo miraba y me decía, al verlo comer por cuatro días esos malditos pollos con papas fritas, eso si debe haber sido una prueba para él, siendo presidente de un prestigioso laboratorio, acostumbrado a comer de lo mejor de los mercados culinarios y estar condenado a masticar cueros y papas por Italia. Luego de unas cenas, desapareció con su mujer y se fue a comer de verdad, grande Ridel!

La Tía Nancy, era una señora con muchos años de tía. Que viajaba junto a su sobrina de veintitrés años llamada Carolina. Ella se quejaba que su tía era muy distraída y que si se perdía era por su propia voluntad. Estos comentarios los encontraba francamente censurantes, sin embargo, al conocer a la Tia Nancy reconocí la paciencia de la joven sobrina.
Tia Nancy se perdió en Milán, Florencia, Verona, Roma y Capri, pero milagrosamente siempre volvía. Sus maletas circulaban entre los dos buses en que viajábamos, nadie se las bajaba por que ella no aparecía, pero al día siguiente la veía en el desayuno lo más contenta. En Capri se le fue el trasbordador y a los veinte minutos ya estaba de vuelta. Esa vez le dije al grupo del bus que si la Tia volvía en quince minutos yo le besaría los pies, lo bueno es que llego en veinte.
Ella se las arreglaba explotando su imagen de abuelita desvalida, preguntaba a quien se le cruzara hacia donde tenía que ir, del resto se encargaba, Dios, los ángeles y todo el resto del mundo. Lo que motivaba sus extravíos era ser una compradora compulsiva y todo lo que veía lo convertía en regalos para alguien, de esta forma no podía mantener un recorrido en línea recta por más de un minuto. Pero era una persona adorable y siempre me inspiró mucho cariño. Hasta mi madre, mi hija y yo recibimos regalos, después de dos meses en Chile para navidad.

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