Monday, May 29, 2006


Capítulo XI

POMPEYA
La ciudad de los inventos urbanos


Para viajar de Roma a Pompeya tuvimos que levantarnos a las 4 de la mañana. Todavía con los ojos a media asta, nos mirábamos unos a otros en el bus, buscando una explicación por aquel horario. Nuestra guía volvió a susurrarnos con voz maternal:
“Tenéis que recordar que vosotros no andáis de vacaciones. Para eso os vais a una playa, os tendéis dos semanas mirando el horizonte y ya”!.
Vosotros, -nos alentaba con voz dulzona- andáis “turishtiando”. Y un turista debe hacer ciertos sacrificios para llegar donde quiere llegar, para ir más lejos y sacar aun más partido al tiempo, a los medios de transporte y para ver la mayor cantidad de cosas y ciudades posible”. Y tenía razón, pues todo fue una maratón de lugares y emociones que solo hoy, luego de un mes en Chile, puedo macerar en mi mente y sacar de mi cuerpo.
Le comentaba a mi madre, quien escribía a toda máquina sobre un pequeño cuadernito absolutamente toda acción y lugar que visitábamos, que alguna vez dije que nunca viajaría como turista, en un rebaño de gente, que si lo hacía sería gracias a un proyecto bajo la mano y a buscar un rumbo concreto. Son las cosas de la vida, hoy viajo como turista, con mi madre y no me lo perdería por nada del mundo.

Al cabo de tres horas ya estábamos frente al antiguo enclave. Una de las garantías de ir en grupo es que puedes acceder a lugares sin tener que hacer grandes filas, si es que tus guías disponen de alguna antigüedad en el rubro.
Pasearse por aquellas callejuelas conservadas por las cenizas hace más de 2.500 años, sobrecoge. Miraba el volcán Vesubio y desde la ciudad se ve bastante distante como para sentir que podrás escapar de alguna erupción. Sin embargo aquellos Pompeyanos, quizás los más incrédulos, sucumbieron a la nube de ceniza tóxica que grabó para siempre sus últimos respiros. Hoy caminábamos sobre sus exhalaciones.
Pompeya es una maqueta de ciudad, pequeña pero completa en su equipamiento. Posee su anfiteatro, teatro, calles comerciales, termas, edificios públicos, templos, casas de nobles y por supuesto lupanares.
Por su naturaleza lávica, curioso antecedente que bien pudo ayudar a los Pompeyanos a darse cuenta que, debido a que el suelo era eminentemente volcánico y no les permitía construir en altura, podrían haber sospechado que se encontraban en medio de un futuro pasillo de lava. Bueno, luego de 2000 años cualquiera puede especular cualquier cosa. Si hubiera vivido en Pompeya no se me habría pasado por la mente irme a otro lugar solo por que el terreno era duro. Además, con tantas invasiones: primero los Etruscos quienes la fundaron, luego los Samitas y posteriormente los Romanos, que se va a imaginar el último que llega, que su victoria lo ha dejado a las puertas del horno.
Por la misma razón les fue imposible realizar buenas obras de alcantarillado así que evacuaban las aguas hacia la calle. De ahí que los diseños urbanos más ingeniosos, entre otros, se encuentran en las veredas y las calles. Hay pequeños orificios para amarrar a los caballos, piedras de tope que sirven tanto para evitar que los peatones se mojaran con los desechos que corrían libremente por las calles, como para evitar que las carretas ingresaran a una zona prohibida. Hasta un pene tallado en sobre relieve indica, cual aviso luminoso, la ubicación de un lupanar (nótese que para hacer un sobre-relieve la piedra debe venir tallada antes de ponerla. Ya me imaginaba el local donde las tallaban, lleno de penes grandes y chicos dependiendo del nivel del lupanar, esos de seguro fueron los primeros Sex-shop). Así mismo los mosaicos en las paredes del lupanar explicitan las posiciones que son la especialidad de la casa. El cliente sabe a lo que va y a menos que el dibujo no haga honores de la figura de la gentil doncella, tampoco podía alegar publicidad engañosa.

Es un privilegio estar ahí pensando en que todas las más antiguas ciudades de occidente partieron como ésta. Pero aquella se detuvo en el tiempo, la naturaleza la cubrió con un manto y poco a poco resurge de las cenizas como el ave fénix, mostrándose como una joya del pasado, como una fotografía tridimensional, por la cual te puedes desplazar.
La mayoría de las ciudades dominadas por el imperio debieron fortalecerse, cercándose con grandes murallas. Estas albergaban pórticos de entradas y cada uno tenía el nombre del destino que traía la vía de acceso. De este modo; “Porta Marina” era el acceso de quienes venían desde el mar o “porta Vesubio” de quienes hacían su ingreso desde esa dirección. Ojalá no haya entrado por ahí la lava, hubiese sido otra gran ironía de la naturaleza.
Esta configuración se puede apreciar en casi todas las ciudades Italianas. Al igual que el emplazamiento de los castillos o casas de las familias nobles sobre montes, dominando las explanadas cultivables. Al recorrer los montes Apeninos así como los Alpes entre Italia y Francia, da una panorámica parecida a la de un cuento de hadas, en donde la coronación de cada monte culmina en un castillo o un poblado escarpado en sus cimas.

Aquí resaltan los primeros “Spa”. Con piscinas frías y calientes, para hombres y mujeres, saunas y espacios para asolearse, con un circuito por el cual pasaban largas horas al día. De pronto me imaginaba la recreación de la vida, tal cual la experimentaban los pompeyanos; ver a una familia habitando en una casa restaurada con los atuendos y ornamentos de la época, sería genial. Estos Italianos, seguro que lo van a hacer y luego habilitarán el teatro para asistir a una tragedia de la época y así hasta llegar a las peleas entre gladiadores.
Sorprende además la gran cantidad de templos. Estaba el de “Apolo”, el de “Venus” pero que fueron perdiendo vigencia al ser superados por el dios Zeus. Pero los había también con rasgos egipcios como el de “Isis”.
Al imaginármelos con personas experimento una extraña sensación. Por un lado pienso, a las luz del Cristianismo, que sus dioses eran un invento del cual se alimentó la fé de miles de personas por muchos cientos de años, pero por otro, en nada se diferencia a nuestras creencias, que hoy en día se aprecian vigentes en la mente y el corazón de sus creyentes, pero así como aquellas, nada priva al Cristianismo de perder a sus fieles producto de la venida de un nuevo y más fuerte Mesías.
Algo me hacía pensar que en la religión también existe el concepto de “la creencia de moda”. Zeus lograba avanzar sobre Apolo y Venus debido a la afinidad con que el gobernante de turno lo hacía participar de sus victorias y de esta manera el pueblo lo adoptaba como más “real” que los otros. Los cristianos en Egipto fueron censurados, expulsados y mutilados, al igual que en Roma, pero cuando Constantino declaró al Cristianismo como la religión oficial, los templos egipcios y sus dioses fueron destruidos y olvidados en el tiempo.
Tengo la tremenda cazuela dentro de mi cabeza, entre religiones y creencias de moda. Pero me pregunto una cosa: “que pensarán los dioses o Dios de todo esto”. Quizás para él ya estemos pasados de moda y se encuentre gobernando sobre mundos más “vigentes” que el nuestro. Y en ellos sea un ser real del cual no se deba tener fe sino certeza de su existencia.

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