Tuesday, May 30, 2006

Capitulo X
ASIS
Parquímetros de la fe


Levantada en la sima del monte Subasio, se encuentra el pequeño pueblito de Asis, coronado por la doble Basílica de San Francisco. Se le dice así pues es una basílica de dos pisos. La entrada la hicimos desde la Basílica Inferior, la cual alberga en el centro del crucero la tumba de San Francisco. La rodean 4 de sus más cercanos colaboradores: fray León, fray Maseo, fray Rufino y fray Ángel, pero un poco más allá existe una quinta tumba, la de fray Jacoba, una noble Romana llamada Jacoba de Sietesoles.
Es conmovedor ver la tumba de un santo rodeado de sus amigos. Me los imaginaba como superhéroes de otra época. Genios de una batalla hacia el interior de las mentes o restauradores de la fé más pura.
Por todas partes hay frailes custodiando el silencio, pues cuando uno paga por algo, pareciera que lo sacro cae al piso y creo que al no cobrar la entrada, lo mantiene en alto. Existen además unos receptáculos con velas electrónicas que al depositarles euros se prende una vela por un determinado tiempo, a estos les llamé, los “parquímetros de la fé”, pues cuando la velita se apagaba parecía como si alguien dejara de interesarse por el santo. Pero luego venía otro devoto y ponía un euro y volvía a encender la fé. No es menor esto de que la fe, como la luz en las tinieblas, se sostiene en base a que más personas sienten y piensan su amor hacia Dios por el mayor tiempo posible. Para mí, eso es lo que sostiene en esencia a la religión.
Me maravilló que el tesoro de la Basílica, fuera una simple y cenicienta túnica que uso San Francisco en sus peregrinajes por Italia. Parecen como alas de un ángel o su vieja armadura.
En el interior de la basílica inferior se puede respirar el aroma de la fe, en esos fieles que culminan alguna peregrinación a los pies de la tumba de San Francisco. Y al mirarlos orando, luego de quizás cuantas barreras surcadas antes de llegar, pienso que todo sacrificio vale la pena cuando alguien, producto de su fe, logra llegar a la basílica.
En la parte superior, el templo se alza hacia el cielo dando espacio a las imágenes del Giotto, quien posa sus trazos sobre los muros buscando dar forma a los sueños de San Francisco.

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