Friday, June 02, 2006

Vista superior de la Plaza de San Marcos

Fachada principal de la Catedran de San Marcos

El Capmanario desde el Gran Canal

Capitulo VII

VENECIA
Las campanas del Alma


La ciudad se presenta como una escenografía, pues todo está hecho para ser visto y pocas cosas funcionan para lo que en un principio fueron creadas. Eso le otorga un aire mágico, que si no fuera por la sobrepoblación turística seria casi espectral.
La Plaza San Marcos, la Catedral, el Campanario y el Palacio Ducal, es un conjunto único, irrigado por tres mareas: El agua de los canales de Venecia, los turistas y por supuesto, las palomas.
La plaza posee unos agujeros que le permiten inundarse dos veces al día sin que el agua levante el pavimento. Es un detalle arquitectónico muy ingenioso, del cual no dispuso la Catedral ya que sería ilógico tenerla inundada dos veces al día. Es así como al entrar en ella adviertes que el piso, pese a ser de mármol, es totalmente irregular. Es como un oleaje pétreo en donde el alabastro y el mármol blanco son el brillo de las olas y el rojo con el basalto, las sombras. Todo dibujado en el piso y ablandado por el tiempo y las aguas. Si miras hacia arriba ves un cielo cupular cubierto de oro, cayendo sobre ti como una lluvia de ornamentos. Es oro americano. La catedral es como una joya a punto de sumergirse en las aguas del mediterráneo.
La brisa, el sol, el agua y los canales, las góndolas, los vaporetos, todo encaja perfectamente, trasformando la rutina en un ritual de hidráulico romanticismo.
Santa María de la Salud, una iglesia renacentista diseñada por el Arquitecto Andrea Palladio, emerge desde el mar al otro lado del Gran Canal. Llamada así por haber servido de albergue en la época en que todo Venecia sucumbió a la peste, se muestra brillante, bañada de sol y plata.
Circulamos por algunas callejuelas en busca del “imperdible” paseo en góndola. Al dar vuelta a un callejón nos encontramos con un Gondolero discutiendo con una turista.
-“No señora, esto no es un ataúd!”, insistía el gondolero defendiendo su barcaza de color negro encerado con encajes dorados.
Los gondoleros son una estirpe que congrega a cuarenta familias que han traspasado su oficio de generación en generación. Apadrinados por el estado, su negocio permanece intacto y sin posibilidad de crecer, para resguardo de quienes viven de ello. Y viven bastante bien. Un paseo en góndola cuesta ochenta mil pesos por lo bajo.
Por otro lado un italiano se defendía reclamando en contra de los impuestos, yo no sé que tipo de impuestos pagan, puede que sean altos. Pero este italiano se parecía mucho al que defendía el Ataúd, perdón la Góndola.

Esto me hacía pensar en el trasfondo de esta organización tan particular.
Nos preguntábamos con mi madre que si estuviéramos en Chile, habría 200 góndolas peleándose los 500 pesos que cobrarían por andar en ellas. Góndolas piratas se cagarían a las otras a 300 pesos. Los gondoleros no serían tan guapos y tendrían pinta de raperos, pues: habría algún weón pintoso?, de más de 40 años con ganas de pasear weones a 500 pesos?...no po!. Eso marca la diferencia. Los italianos mantenían los trabajos dentro de las familias que por tradición los cultivaron.

En otra ciudad italiana, Florencia por ejemplo, el Rey a petición de la familia de los Medicis sacó a los carniceros del ponte Vecchio, pues era un espectáculo demasiado horripilante para la gente de clase alta que circulaba por ahí, y dispuso a los joyeros. Los cuales hasta el día de hoy permanecen ahí. Son las mismas familias. (A todo esto, el puente Vecchio, no es el puente bello, o de la familia Vecchio, es el puente viejo… estos italianos no escatimaron en gastos para poner nombres).

De esta manera, si logras darle trabajo a cada grupo familiar por el rubro que han cultivado por años, el resultado será: grupos de grandes familias adineradas. No me parece un sistema justo ni confiable, menos aun, creo que ni siquiera les funciona como sistema. No recuerdo haber recibido ni una miserable boleta en todo el viaje, esto significa que si bien el turismo se encuentra muy bien organizado, los comerciantes no respetan la ciudad que los alimenta. Alguien me insinuó que la municipalidad de Venecia estaba quebrada, yo para mis adentros pensé:
- “aquí si algo no está a punto de quebrarse no es negocio”.

Por mucho tiempo dieron vueltas en mi cabeza las imágenes de Venecia. Realmente rebalsa belleza, agua y magia también.

Mientras escapábamos de las palomas decidimos subir al campanario. Un nervioso adolescente de nombre Mateo, debutaba como ascensorista en un cajón desbordado de turistas, subiendo por una torre de seiscientos años de antigüedad, me sentía como en la prehistoria de fantasilandia.
Llegamos al campanario y para colmo de nuestra buena suerte, eran las 12 del día. Las campanas comenzaron a sonar. Era un espectáculo fuera de serie, Venecia se extendía en el horizonte, todos abalanzados por los balcones fotografiando momentos, uno que otro gringo agachado no soportaba el ruido, mi madre lloraba en un rincón mirando al cielo y sus lágrimas me hacían respirar hondo:
Hemos llegado hasta acá mamá!, lo ves!, este regalo te lo debo a ti, pensaba. Era imposible hablar, las campanas enmudecían hasta el alma. Pero alcanzaba a darme cuenta, en ese álgido momento, encumbrados los dos sobre un mar de historia, del sentido de nuestro viaje, del por qué era con mi madre, de su emoción contenida por años y de este hermoso regalo.
Durante el transcurso de nuestro viaje alcanzamos a visitar alrededor de 25 iglesias y 8 templos egipcios, además de las pirámides.
Hay algo en común entre la antigua religión Egipcia, la actual religión Católica, mi madre y yo viajando juntos. Los tres han sido originados por una madre y un hijo: Isis, madre de Horus, quienes son los Dioses más populares y por excelencia, el contenido detrás de todos los templos egipcios. María madre de Jesús, que dispuestos de diversas formas son el contenido intrínseco de las grandes obras de arte depositadas en las iglesias y museos por todo Italia. Incluso la pareja de madrileños que conocimos en el tour, quienes fueron nuestros amigos, se llamaban Jesús y María. Una hermosa señal para un viaje mágico.
Lo único que no me gustaba de la analogía, era la muerte del hijo. Uno fue crucificado y el otro cortado en 14 trozos, espero ser honrado con un fin menos doloroso.

Capitulo VIII

ROMA
Lobas y Fundadores


Nuestro viaje surgió por la intención de mi madre de poder asistir a la canonización del Padre Alberto Hurtado, sin embargo, debido al retraso en nuestras reservas, solo pudimos zarpar una semana después.
Llegar a Roma es llegar al origen. Solo saber que casi tres mil años atrás se dio inicio a una civilización que influyó en todo el mundo, me hacía sentir medio pariente, como un hijastro de aquella herencia. Escudriñando en su pasado, el cual salta a la vista por doquier, entre ruinas y magnas obras, uno de los turistas preguntó por el origen de Roma. La guía comenzó un breve discurso a cerca de la leyenda de los huérfanos Rómulo y Remo, quienes fueron alimentados por una loba o “Lupa” en italiano.

Rómulo trazó en el año 753 (AC) un surco, delimitando el antiguo casco que dio origen a la cuidad. Yo trajinaba un librito comprado por ahí, que hablaba de los lupanares, o prostíbulos, pues lupa también significa prostituta. La loba que alimentó a Rómulo y Remo bien podría haber sido una mujer de la calle, más aun, me parecía razonable el haber inventado una leyenda con tal de no decir que quien fundó Roma fue un “hijo de p….”.
Qué me quedaba a mi, si me sentía como un hijastro.

Si Florencia entrecruzaba historia y modernidad, Roma en cambio era la ciudad de los inventos urbanos. Todavía se advierte en aquellas grandes obras como: el Coliseo, los acueductos y murallas, el Foro romano, el Panteón y otros edificios monumentales, el poderío de un pueblo que lo inventó todo por primera vez.
Quizás este fue el origen del “Sueño Americano”, ese que guarda como axioma; ser el primero, el mejor o el único. El caso es que, inevitablemente me hacía pensar en los dos tipos de poblaciones que existían en el mundo: Los nómades y los sedentarios.
¿Con qué cara un pobre hombrecito con un taparrabo y una lanza, persiguiendo todo cagado de hambre a una bestia por las llanuras, iba a poder conquistar el mundo?. Las civilizaciones se hacían poderosas mientras más se parapetaban sobre un lugar, como si el echar raíces siempre trajera como consecuencia cosechar frutos, y quien no las echa debe seguir moviéndose de un lugar a otro. Claro que a través de los años, el moverse se trasformó en arrancar de los que se quedaron. Nuestra naturaleza no deja de tener su lado irónico.
Los viajes te entregan esa otra mirada y te muestran que: puta que lo pasaban bien los nómades!. Alguien tenía que cagárselos, tanta felicidad debe ser dañina.
Ahí tienes a las tribus indígenas, los Apaches y Cia, pueblos originarios, los Guerreros Masai, o los mismísimos gitanos, todos para la cola.
Sin embargo, el pueblo Judío, pese a todas sus mutilaciones y exilios ha sabido mantenerse de pie frente a sus desgracias. Lo curioso es que sin perjuicio de esto, siempre consiguen volver a ser dueños de todo. Son como un pueblo nómada con férreo espíritu sedentario.
En Roma tuve la oportunidad de mirar un poco a la mujer Italiana. Delgada, de tez y ojos claros, bonita pero no coqueta; distante y celosa. Cuando pasamos por Niza logré percibir un poco a la francesa, más atractiva por lo exótico y variado de sus rasgos, no es belleza universal pero incita a más contacto con los ojos. La española, en cambio, tiene una nariz prominente que le da un atractivo increíble, era más a lo que estaba acostumbrado como Chileno, de población eminentemente castellana. Pero esas narices me invitaban a compartir con la cultura española..y olé!!. Una vez en Barcelona soñé que una nariz me invitaba a salir y me decía: “puez coño chaval, no vas a conocer a nadie si sigues viendo solo edificios”. Luego de la indirecta de mi inconciente, comencé a conocer más personas del entorno urbano.

Entre tanta composición y descomposición de obras de arquitectura, tanta destrucción y guerras, te das cuenta que ya nada esta en su lugar y que no todo lo que brilla es oro:
El David, no está en la plaza, está en el museo de Florencia y por lo tanto lo que ves es una copia. Los obeliscos Egipcios, los más viejos están en Roma, los mosaicos de Pompeya están en el museo y no en Pompeya (siempre es mejor negocio tener las cosas separadas que en un solo lugar; con lo mismo nutres dos ciudades). Y qué decir de los cuerpos de los Pompeyanos, no son tales, son moldes de yeso (al menos es justificable pues de ningún otro modo podríamos ver cuerpos quemados por las cenizas de un volcán hace más de dos mil años.
Las joyas más valiosas del antiguo Egipto están en Inglaterra, el oro americano esta en el cielo de las Iglesias Italianas. La mayoría de las Iglesias ha sido restauradas, y hasta construidas de nuevo, pero te dicen que datan de muchos años más de los que en verdad tienen. En la Pirámide de Kefren te dicen cuando estás adentro, que es la tumba de Kefren y él nunca estuvo ahí, sino más abajo, al parecer, a estas alturas quien sabe. En Verona te paras sobre un presunto balcón de Julieta, y miras una escultura de bronce de la Julieta pero ni el balcón ni la Julieta existieron, pero que va, la cosa es jugar.
El puente de los suspiros en Venecia no debe su nombre a que por ahí pasen personas “gondoleándo” su amor, muy por el contrario, se debía a que el uso de aquel puente era comunicar la cárcel con el Ducado, los condenados a muerte pasaban de un lado a otro viendo luz exterior entre las celosías del recinto, un último suspiro antes de abandonar este mundo cruel. Es entretenido pensar que por abajo pasan parejas que están por perder la cabeza de amor y arriba pasaban quienes las perdían realmente.