Capitulo VII
VENECIA
Las campanas del Alma
La ciudad se presenta como una escenografía, pues todo está hecho para ser visto y pocas cosas funcionan para lo que en un principio fueron creadas. Eso le otorga un aire mágico, que si no fuera por la sobrepoblación turística seria casi espectral.
La Plaza San Marcos, la Catedral, el Campanario y el Palacio Ducal, es un conjunto único, irrigado por tres mareas: El agua de los canales de Venecia, los turistas y por supuesto, las palomas.
La plaza posee unos agujeros que le permiten inundarse dos veces al día sin que el agua levante el pavimento. Es un detalle arquitectónico muy ingenioso, del cual no dispuso la Catedral ya que sería ilógico tenerla inundada dos veces al día. Es así como al entrar en ella adviertes que el piso, pese a ser de mármol, es totalmente irregular. Es como un oleaje pétreo en donde el alabastro y el mármol blanco son el brillo de las olas y el rojo con el basalto, las sombras. Todo dibujado en el piso y ablandado por el tiempo y las aguas. Si miras hacia arriba ves un cielo cupular cubierto de oro, cayendo sobre ti como una lluvia de ornamentos. Es oro americano. La catedral es como una joya a punto de sumergirse en las aguas del mediterráneo.
La brisa, el sol, el agua y los canales, las góndolas, los vaporetos, todo encaja perfectamente, trasformando la rutina en un ritual de hidráulico romanticismo.
Santa María de la Salud, una iglesia renacentista diseñada por el Arquitecto Andrea Palladio, emerge desde el mar al otro lado del Gran Canal. Llamada así por haber servido de albergue en la época en que todo Venecia sucumbió a la peste, se muestra brillante, bañada de sol y plata.
Circulamos por algunas callejuelas en busca del “imperdible” paseo en góndola. Al dar vuelta a un callejón nos encontramos con un Gondolero discutiendo con una turista.
-“No señora, esto no es un ataúd!”, insistía el gondolero defendiendo su barcaza de color negro encerado con encajes dorados.
Los gondoleros son una estirpe que congrega a cuarenta familias que han traspasado su oficio de generación en generación. Apadrinados por el estado, su negocio permanece intacto y sin posibilidad de crecer, para resguardo de quienes viven de ello. Y viven bastante bien. Un paseo en góndola cuesta ochenta mil pesos por lo bajo.
Por otro lado un italiano se defendía reclamando en contra de los impuestos, yo no sé que tipo de impuestos pagan, puede que sean altos. Pero este italiano se parecía mucho al que defendía el Ataúd, perdón la Góndola.
Esto me hacía pensar en el trasfondo de esta organización tan particular.
Nos preguntábamos con mi madre que si estuviéramos en Chile, habría 200 góndolas peleándose los 500 pesos que cobrarían por andar en ellas. Góndolas piratas se cagarían a las otras a 300 pesos. Los gondoleros no serían tan guapos y tendrían pinta de raperos, pues: habría algún weón pintoso?, de más de 40 años con ganas de pasear weones a 500 pesos?...no po!. Eso marca la diferencia. Los italianos mantenían los trabajos dentro de las familias que por tradición los cultivaron.
En otra ciudad italiana, Florencia por ejemplo, el Rey a petición de la familia de los Medicis sacó a los carniceros del ponte Vecchio, pues era un espectáculo demasiado horripilante para la gente de clase alta que circulaba por ahí, y dispuso a los joyeros. Los cuales hasta el día de hoy permanecen ahí. Son las mismas familias. (A todo esto, el puente Vecchio, no es el puente bello, o de la familia Vecchio, es el puente viejo… estos italianos no escatimaron en gastos para poner nombres).
De esta manera, si logras darle trabajo a cada grupo familiar por el rubro que han cultivado por años, el resultado será: grupos de grandes familias adineradas. No me parece un sistema justo ni confiable, menos aun, creo que ni siquiera les funciona como sistema. No recuerdo haber recibido ni una miserable boleta en todo el viaje, esto significa que si bien el turismo se encuentra muy bien organizado, los comerciantes no respetan la ciudad que los alimenta. Alguien me insinuó que la municipalidad de Venecia estaba quebrada, yo para mis adentros pensé:
- “aquí si algo no está a punto de quebrarse no es negocio”.
Por mucho tiempo dieron vueltas en mi cabeza las imágenes de Venecia. Realmente rebalsa belleza, agua y magia también.
Mientras escapábamos de las palomas decidimos subir al campanario. Un nervioso adolescente de nombre Mateo, debutaba como ascensorista en un cajón desbordado de turistas, subiendo por una torre de seiscientos años de antigüedad, me sentía como en la prehistoria de fantasilandia.
Llegamos al campanario y para colmo de nuestra buena suerte, eran las 12 del día. Las campanas comenzaron a sonar. Era un espectáculo fuera de serie, Venecia se extendía en el horizonte, todos abalanzados por los balcones fotografiando momentos, uno que otro gringo agachado no soportaba el ruido, mi madre lloraba en un rincón mirando al cielo y sus lágrimas me hacían respirar hondo:
Hemos llegado hasta acá mamá!, lo ves!, este regalo te lo debo a ti, pensaba. Era imposible hablar, las campanas enmudecían hasta el alma. Pero alcanzaba a darme cuenta, en ese álgido momento, encumbrados los dos sobre un mar de historia, del sentido de nuestro viaje, del por qué era con mi madre, de su emoción contenida por años y de este hermoso regalo.
Durante el transcurso de nuestro viaje alcanzamos a visitar alrededor de 25 iglesias y 8 templos egipcios, además de las pirámides.
Hay algo en común entre la antigua religión Egipcia, la actual religión Católica, mi madre y yo viajando juntos. Los tres han sido originados por una madre y un hijo: Isis, madre de Horus, quienes son los Dioses más populares y por excelencia, el contenido detrás de todos los templos egipcios. María madre de Jesús, que dispuestos de diversas formas son el contenido intrínseco de las grandes obras de arte depositadas en las iglesias y museos por todo Italia. Incluso la pareja de madrileños que conocimos en el tour, quienes fueron nuestros amigos, se llamaban Jesús y María. Una hermosa señal para un viaje mágico.
Lo único que no me gustaba de la analogía, era la muerte del hijo. Uno fue crucificado y el otro cortado en 14 trozos, espero ser honrado con un fin menos doloroso.




