Friday, June 02, 2006


Capitulo VIII

ROMA
Lobas y Fundadores


Nuestro viaje surgió por la intención de mi madre de poder asistir a la canonización del Padre Alberto Hurtado, sin embargo, debido al retraso en nuestras reservas, solo pudimos zarpar una semana después.
Llegar a Roma es llegar al origen. Solo saber que casi tres mil años atrás se dio inicio a una civilización que influyó en todo el mundo, me hacía sentir medio pariente, como un hijastro de aquella herencia. Escudriñando en su pasado, el cual salta a la vista por doquier, entre ruinas y magnas obras, uno de los turistas preguntó por el origen de Roma. La guía comenzó un breve discurso a cerca de la leyenda de los huérfanos Rómulo y Remo, quienes fueron alimentados por una loba o “Lupa” en italiano.

Rómulo trazó en el año 753 (AC) un surco, delimitando el antiguo casco que dio origen a la cuidad. Yo trajinaba un librito comprado por ahí, que hablaba de los lupanares, o prostíbulos, pues lupa también significa prostituta. La loba que alimentó a Rómulo y Remo bien podría haber sido una mujer de la calle, más aun, me parecía razonable el haber inventado una leyenda con tal de no decir que quien fundó Roma fue un “hijo de p….”.
Qué me quedaba a mi, si me sentía como un hijastro.

Si Florencia entrecruzaba historia y modernidad, Roma en cambio era la ciudad de los inventos urbanos. Todavía se advierte en aquellas grandes obras como: el Coliseo, los acueductos y murallas, el Foro romano, el Panteón y otros edificios monumentales, el poderío de un pueblo que lo inventó todo por primera vez.
Quizás este fue el origen del “Sueño Americano”, ese que guarda como axioma; ser el primero, el mejor o el único. El caso es que, inevitablemente me hacía pensar en los dos tipos de poblaciones que existían en el mundo: Los nómades y los sedentarios.
¿Con qué cara un pobre hombrecito con un taparrabo y una lanza, persiguiendo todo cagado de hambre a una bestia por las llanuras, iba a poder conquistar el mundo?. Las civilizaciones se hacían poderosas mientras más se parapetaban sobre un lugar, como si el echar raíces siempre trajera como consecuencia cosechar frutos, y quien no las echa debe seguir moviéndose de un lugar a otro. Claro que a través de los años, el moverse se trasformó en arrancar de los que se quedaron. Nuestra naturaleza no deja de tener su lado irónico.
Los viajes te entregan esa otra mirada y te muestran que: puta que lo pasaban bien los nómades!. Alguien tenía que cagárselos, tanta felicidad debe ser dañina.
Ahí tienes a las tribus indígenas, los Apaches y Cia, pueblos originarios, los Guerreros Masai, o los mismísimos gitanos, todos para la cola.
Sin embargo, el pueblo Judío, pese a todas sus mutilaciones y exilios ha sabido mantenerse de pie frente a sus desgracias. Lo curioso es que sin perjuicio de esto, siempre consiguen volver a ser dueños de todo. Son como un pueblo nómada con férreo espíritu sedentario.
En Roma tuve la oportunidad de mirar un poco a la mujer Italiana. Delgada, de tez y ojos claros, bonita pero no coqueta; distante y celosa. Cuando pasamos por Niza logré percibir un poco a la francesa, más atractiva por lo exótico y variado de sus rasgos, no es belleza universal pero incita a más contacto con los ojos. La española, en cambio, tiene una nariz prominente que le da un atractivo increíble, era más a lo que estaba acostumbrado como Chileno, de población eminentemente castellana. Pero esas narices me invitaban a compartir con la cultura española..y olé!!. Una vez en Barcelona soñé que una nariz me invitaba a salir y me decía: “puez coño chaval, no vas a conocer a nadie si sigues viendo solo edificios”. Luego de la indirecta de mi inconciente, comencé a conocer más personas del entorno urbano.

Entre tanta composición y descomposición de obras de arquitectura, tanta destrucción y guerras, te das cuenta que ya nada esta en su lugar y que no todo lo que brilla es oro:
El David, no está en la plaza, está en el museo de Florencia y por lo tanto lo que ves es una copia. Los obeliscos Egipcios, los más viejos están en Roma, los mosaicos de Pompeya están en el museo y no en Pompeya (siempre es mejor negocio tener las cosas separadas que en un solo lugar; con lo mismo nutres dos ciudades). Y qué decir de los cuerpos de los Pompeyanos, no son tales, son moldes de yeso (al menos es justificable pues de ningún otro modo podríamos ver cuerpos quemados por las cenizas de un volcán hace más de dos mil años.
Las joyas más valiosas del antiguo Egipto están en Inglaterra, el oro americano esta en el cielo de las Iglesias Italianas. La mayoría de las Iglesias ha sido restauradas, y hasta construidas de nuevo, pero te dicen que datan de muchos años más de los que en verdad tienen. En la Pirámide de Kefren te dicen cuando estás adentro, que es la tumba de Kefren y él nunca estuvo ahí, sino más abajo, al parecer, a estas alturas quien sabe. En Verona te paras sobre un presunto balcón de Julieta, y miras una escultura de bronce de la Julieta pero ni el balcón ni la Julieta existieron, pero que va, la cosa es jugar.
El puente de los suspiros en Venecia no debe su nombre a que por ahí pasen personas “gondoleándo” su amor, muy por el contrario, se debía a que el uso de aquel puente era comunicar la cárcel con el Ducado, los condenados a muerte pasaban de un lado a otro viendo luz exterior entre las celosías del recinto, un último suspiro antes de abandonar este mundo cruel. Es entretenido pensar que por abajo pasan parejas que están por perder la cabeza de amor y arriba pasaban quienes las perdían realmente.

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