Friday, June 02, 2006

Vista superior de la Plaza de San Marcos

Fachada principal de la Catedran de San Marcos

El Capmanario desde el Gran Canal

Capitulo VII

VENECIA
Las campanas del Alma


La ciudad se presenta como una escenografía, pues todo está hecho para ser visto y pocas cosas funcionan para lo que en un principio fueron creadas. Eso le otorga un aire mágico, que si no fuera por la sobrepoblación turística seria casi espectral.
La Plaza San Marcos, la Catedral, el Campanario y el Palacio Ducal, es un conjunto único, irrigado por tres mareas: El agua de los canales de Venecia, los turistas y por supuesto, las palomas.
La plaza posee unos agujeros que le permiten inundarse dos veces al día sin que el agua levante el pavimento. Es un detalle arquitectónico muy ingenioso, del cual no dispuso la Catedral ya que sería ilógico tenerla inundada dos veces al día. Es así como al entrar en ella adviertes que el piso, pese a ser de mármol, es totalmente irregular. Es como un oleaje pétreo en donde el alabastro y el mármol blanco son el brillo de las olas y el rojo con el basalto, las sombras. Todo dibujado en el piso y ablandado por el tiempo y las aguas. Si miras hacia arriba ves un cielo cupular cubierto de oro, cayendo sobre ti como una lluvia de ornamentos. Es oro americano. La catedral es como una joya a punto de sumergirse en las aguas del mediterráneo.
La brisa, el sol, el agua y los canales, las góndolas, los vaporetos, todo encaja perfectamente, trasformando la rutina en un ritual de hidráulico romanticismo.
Santa María de la Salud, una iglesia renacentista diseñada por el Arquitecto Andrea Palladio, emerge desde el mar al otro lado del Gran Canal. Llamada así por haber servido de albergue en la época en que todo Venecia sucumbió a la peste, se muestra brillante, bañada de sol y plata.
Circulamos por algunas callejuelas en busca del “imperdible” paseo en góndola. Al dar vuelta a un callejón nos encontramos con un Gondolero discutiendo con una turista.
-“No señora, esto no es un ataúd!”, insistía el gondolero defendiendo su barcaza de color negro encerado con encajes dorados.
Los gondoleros son una estirpe que congrega a cuarenta familias que han traspasado su oficio de generación en generación. Apadrinados por el estado, su negocio permanece intacto y sin posibilidad de crecer, para resguardo de quienes viven de ello. Y viven bastante bien. Un paseo en góndola cuesta ochenta mil pesos por lo bajo.
Por otro lado un italiano se defendía reclamando en contra de los impuestos, yo no sé que tipo de impuestos pagan, puede que sean altos. Pero este italiano se parecía mucho al que defendía el Ataúd, perdón la Góndola.

Esto me hacía pensar en el trasfondo de esta organización tan particular.
Nos preguntábamos con mi madre que si estuviéramos en Chile, habría 200 góndolas peleándose los 500 pesos que cobrarían por andar en ellas. Góndolas piratas se cagarían a las otras a 300 pesos. Los gondoleros no serían tan guapos y tendrían pinta de raperos, pues: habría algún weón pintoso?, de más de 40 años con ganas de pasear weones a 500 pesos?...no po!. Eso marca la diferencia. Los italianos mantenían los trabajos dentro de las familias que por tradición los cultivaron.

En otra ciudad italiana, Florencia por ejemplo, el Rey a petición de la familia de los Medicis sacó a los carniceros del ponte Vecchio, pues era un espectáculo demasiado horripilante para la gente de clase alta que circulaba por ahí, y dispuso a los joyeros. Los cuales hasta el día de hoy permanecen ahí. Son las mismas familias. (A todo esto, el puente Vecchio, no es el puente bello, o de la familia Vecchio, es el puente viejo… estos italianos no escatimaron en gastos para poner nombres).

De esta manera, si logras darle trabajo a cada grupo familiar por el rubro que han cultivado por años, el resultado será: grupos de grandes familias adineradas. No me parece un sistema justo ni confiable, menos aun, creo que ni siquiera les funciona como sistema. No recuerdo haber recibido ni una miserable boleta en todo el viaje, esto significa que si bien el turismo se encuentra muy bien organizado, los comerciantes no respetan la ciudad que los alimenta. Alguien me insinuó que la municipalidad de Venecia estaba quebrada, yo para mis adentros pensé:
- “aquí si algo no está a punto de quebrarse no es negocio”.

Por mucho tiempo dieron vueltas en mi cabeza las imágenes de Venecia. Realmente rebalsa belleza, agua y magia también.

Mientras escapábamos de las palomas decidimos subir al campanario. Un nervioso adolescente de nombre Mateo, debutaba como ascensorista en un cajón desbordado de turistas, subiendo por una torre de seiscientos años de antigüedad, me sentía como en la prehistoria de fantasilandia.
Llegamos al campanario y para colmo de nuestra buena suerte, eran las 12 del día. Las campanas comenzaron a sonar. Era un espectáculo fuera de serie, Venecia se extendía en el horizonte, todos abalanzados por los balcones fotografiando momentos, uno que otro gringo agachado no soportaba el ruido, mi madre lloraba en un rincón mirando al cielo y sus lágrimas me hacían respirar hondo:
Hemos llegado hasta acá mamá!, lo ves!, este regalo te lo debo a ti, pensaba. Era imposible hablar, las campanas enmudecían hasta el alma. Pero alcanzaba a darme cuenta, en ese álgido momento, encumbrados los dos sobre un mar de historia, del sentido de nuestro viaje, del por qué era con mi madre, de su emoción contenida por años y de este hermoso regalo.
Durante el transcurso de nuestro viaje alcanzamos a visitar alrededor de 25 iglesias y 8 templos egipcios, además de las pirámides.
Hay algo en común entre la antigua religión Egipcia, la actual religión Católica, mi madre y yo viajando juntos. Los tres han sido originados por una madre y un hijo: Isis, madre de Horus, quienes son los Dioses más populares y por excelencia, el contenido detrás de todos los templos egipcios. María madre de Jesús, que dispuestos de diversas formas son el contenido intrínseco de las grandes obras de arte depositadas en las iglesias y museos por todo Italia. Incluso la pareja de madrileños que conocimos en el tour, quienes fueron nuestros amigos, se llamaban Jesús y María. Una hermosa señal para un viaje mágico.
Lo único que no me gustaba de la analogía, era la muerte del hijo. Uno fue crucificado y el otro cortado en 14 trozos, espero ser honrado con un fin menos doloroso.

Capitulo VIII

ROMA
Lobas y Fundadores


Nuestro viaje surgió por la intención de mi madre de poder asistir a la canonización del Padre Alberto Hurtado, sin embargo, debido al retraso en nuestras reservas, solo pudimos zarpar una semana después.
Llegar a Roma es llegar al origen. Solo saber que casi tres mil años atrás se dio inicio a una civilización que influyó en todo el mundo, me hacía sentir medio pariente, como un hijastro de aquella herencia. Escudriñando en su pasado, el cual salta a la vista por doquier, entre ruinas y magnas obras, uno de los turistas preguntó por el origen de Roma. La guía comenzó un breve discurso a cerca de la leyenda de los huérfanos Rómulo y Remo, quienes fueron alimentados por una loba o “Lupa” en italiano.

Rómulo trazó en el año 753 (AC) un surco, delimitando el antiguo casco que dio origen a la cuidad. Yo trajinaba un librito comprado por ahí, que hablaba de los lupanares, o prostíbulos, pues lupa también significa prostituta. La loba que alimentó a Rómulo y Remo bien podría haber sido una mujer de la calle, más aun, me parecía razonable el haber inventado una leyenda con tal de no decir que quien fundó Roma fue un “hijo de p….”.
Qué me quedaba a mi, si me sentía como un hijastro.

Si Florencia entrecruzaba historia y modernidad, Roma en cambio era la ciudad de los inventos urbanos. Todavía se advierte en aquellas grandes obras como: el Coliseo, los acueductos y murallas, el Foro romano, el Panteón y otros edificios monumentales, el poderío de un pueblo que lo inventó todo por primera vez.
Quizás este fue el origen del “Sueño Americano”, ese que guarda como axioma; ser el primero, el mejor o el único. El caso es que, inevitablemente me hacía pensar en los dos tipos de poblaciones que existían en el mundo: Los nómades y los sedentarios.
¿Con qué cara un pobre hombrecito con un taparrabo y una lanza, persiguiendo todo cagado de hambre a una bestia por las llanuras, iba a poder conquistar el mundo?. Las civilizaciones se hacían poderosas mientras más se parapetaban sobre un lugar, como si el echar raíces siempre trajera como consecuencia cosechar frutos, y quien no las echa debe seguir moviéndose de un lugar a otro. Claro que a través de los años, el moverse se trasformó en arrancar de los que se quedaron. Nuestra naturaleza no deja de tener su lado irónico.
Los viajes te entregan esa otra mirada y te muestran que: puta que lo pasaban bien los nómades!. Alguien tenía que cagárselos, tanta felicidad debe ser dañina.
Ahí tienes a las tribus indígenas, los Apaches y Cia, pueblos originarios, los Guerreros Masai, o los mismísimos gitanos, todos para la cola.
Sin embargo, el pueblo Judío, pese a todas sus mutilaciones y exilios ha sabido mantenerse de pie frente a sus desgracias. Lo curioso es que sin perjuicio de esto, siempre consiguen volver a ser dueños de todo. Son como un pueblo nómada con férreo espíritu sedentario.
En Roma tuve la oportunidad de mirar un poco a la mujer Italiana. Delgada, de tez y ojos claros, bonita pero no coqueta; distante y celosa. Cuando pasamos por Niza logré percibir un poco a la francesa, más atractiva por lo exótico y variado de sus rasgos, no es belleza universal pero incita a más contacto con los ojos. La española, en cambio, tiene una nariz prominente que le da un atractivo increíble, era más a lo que estaba acostumbrado como Chileno, de población eminentemente castellana. Pero esas narices me invitaban a compartir con la cultura española..y olé!!. Una vez en Barcelona soñé que una nariz me invitaba a salir y me decía: “puez coño chaval, no vas a conocer a nadie si sigues viendo solo edificios”. Luego de la indirecta de mi inconciente, comencé a conocer más personas del entorno urbano.

Entre tanta composición y descomposición de obras de arquitectura, tanta destrucción y guerras, te das cuenta que ya nada esta en su lugar y que no todo lo que brilla es oro:
El David, no está en la plaza, está en el museo de Florencia y por lo tanto lo que ves es una copia. Los obeliscos Egipcios, los más viejos están en Roma, los mosaicos de Pompeya están en el museo y no en Pompeya (siempre es mejor negocio tener las cosas separadas que en un solo lugar; con lo mismo nutres dos ciudades). Y qué decir de los cuerpos de los Pompeyanos, no son tales, son moldes de yeso (al menos es justificable pues de ningún otro modo podríamos ver cuerpos quemados por las cenizas de un volcán hace más de dos mil años.
Las joyas más valiosas del antiguo Egipto están en Inglaterra, el oro americano esta en el cielo de las Iglesias Italianas. La mayoría de las Iglesias ha sido restauradas, y hasta construidas de nuevo, pero te dicen que datan de muchos años más de los que en verdad tienen. En la Pirámide de Kefren te dicen cuando estás adentro, que es la tumba de Kefren y él nunca estuvo ahí, sino más abajo, al parecer, a estas alturas quien sabe. En Verona te paras sobre un presunto balcón de Julieta, y miras una escultura de bronce de la Julieta pero ni el balcón ni la Julieta existieron, pero que va, la cosa es jugar.
El puente de los suspiros en Venecia no debe su nombre a que por ahí pasen personas “gondoleándo” su amor, muy por el contrario, se debía a que el uso de aquel puente era comunicar la cárcel con el Ducado, los condenados a muerte pasaban de un lado a otro viendo luz exterior entre las celosías del recinto, un último suspiro antes de abandonar este mundo cruel. Es entretenido pensar que por abajo pasan parejas que están por perder la cabeza de amor y arriba pasaban quienes las perdían realmente.

Tuesday, May 30, 2006

Capitulo IX

EL VATICANO
La Danza Sixtina
En el hall de acceso del Museo del Vaticano
En la Capilla Sixtina.(Mirada hacia los frescos de Miguel Angel)
La Pietà de Miguel Angel, ubicada hacia el costado derecho, de la nave central en la Basílica de San Pedro.
Capitulo IX

EL VATICANO
La Danza Sixtina


Antes de llegar, nuestra guía nos comunicó que lo habitual es que hubiera una fila de unas tres cuadras, pero eso significa vacío, para entrar en el museo del Vaticano. Bastante desconcentrado y con ganas de bromear pensaba: “donde irá Batman cuando quiere rezar”. Se lo comenté a mi madre y le dije: “Al Vati-cano”, esbozando una sonrisa me apuntó hacia el acceso pues ya estábamos por entrar.
Es casi imposible no murmurar, mientras avanzas como rebaño, sobre las riquezas que se pueden ver depositadas por doquier en estos recintos. Vimos por toda Italia oro, pero aquí parece más oro, como si fuera de mayor quilate. Vimos desnudos y obras de arte, pero dentro del vaticano parece que fueran verdaderos utensilios de los dioses!... perdón, de Dios. Con tanta cultura politeísta tiendo a confundirme.
Tantos detalles en el techo te hacen pasar todo el museo mirando hacia arriba, es simbólico esto de ir siempre con la mirada buscando el horizonte en el cielo y no en la tierra. Y todo esto es el preámbulo para llegar a la Capilla Sixtina, en donde se concentra el mayor atractivo o el más famoso por su historia, ya que es en este lugar en donde se realiza la elección Papal y por otro lado están los frescos de Miguel Ángel.
Antes de entrar a la capilla, te permiten pasar a los baños pues no puedes retroceder (es importante hacerlo pues si te dan ganas de algo, literalmente cagaste!), la cantidad de gente es impresionante y hay que desaguar el recinto cada cierto tiempo, muchos guardias advierten que no es posible sacar fotografías y lo dicen en varios idiomas, sin embargo pareciera ser que los Coreanos y los Japoneses no entienden la palabra “No”. Por que “Foto”, es la que más manejan.
A la Capilla Sixtina se puede entrar en base a dos miradas:

En la primera, vez una sala llena de turistas, iluminada por resplandores de flash cada dos segundos y unos tipos grandotes que se desplazan en medio de la gente diciendo: “no foto, no foto”. Todos mirando para todas partes, como un grupo de flamencos en una laguna sagrada.
Apretaba mi cámara como recondenado, si los coreanos podían por qué yo no.
Un flujo de gente va saliendo a la par que otro grupo entra maravillado. Un murmullo de idiomas y de pies arrastrados es la música de fondo. A esto lo llamé: “La danza Sixtina”.

La segunda mirada es en quietud, te detienes en un fresco allá lejos en el cielo, las voces enmudecen, los flash pasan al olvido y te conectas. Solo tú y la mano de Miguel Ángel surcando el cielo de la Capilla. Buscas un rincón para apoyar la mirada y te topas con Adán y Eva despedidos del paraíso, más allá el padre y el hijo, una escena increíble acontecida en el tiempo de los cielos. Los pilares verdaderos se fusionan con los pintados en el muro. Por unos momentos en silencio parecen cruzarse las realidades terrenas y divinas. Detener la mirada es un acto que genera ansiedad, las imágenes se agolpan esperando ser vistas y sin orden aparente, todo acontece al unísono, una fotografía a un momento en los cielos, hacia las aventuras del otro mundo. Dan ganas de haber estado ahí cuando eso ocurrió. O no ocurrió?...quedan las dudas. Pero justo cuando comienzas a reparar en los detalles ya debes desalojar la sala. Te resistes pero la masa te desplaza suavemente. Adiós, gracias por visitarnos y ya estás afuera. Se experimenta una estrepitosa caída al piso. Pero vale la pena cambiar euros por unos segundos de éxtasis religioso.

Al salir quedas instalado casi al frente de la Basílica de San Pedro.
Desde la dura y circular plaza de la Basílica te aproximas hacia la entrada del templo. Te acompañan las esculturas de los Papas sobre los frisos, como si fueran enviados del cielo que volando se aproximan a comunicar alguna profecía. Se ve potente, inspira creer en algo mayor. Me imaginaba el rostro de Jesús diciéndome: “en mi reino esto es una pocilga”. Pero, como arquitecto que soy, se me harían agua las manos para hacerle una ampliación a la pocilguita aquella.

Dentro están las famosas obras que distinguen este templo de todos los demás, el atrio de Miguel Ángel en el altar mayor, las proporciones se pierden; el recinto es muy grande, pero no se advierte el tamaño. Esto se debe a que hacia arriba todo ha sido hecho a una sobre-escala divina, la Pietá a un costado se ve pequeña, a escala humana. Se encuentra iluminada tenuemente y protegida por un cristal de algún otro atentado. Me acerqué a sacar una foto y al verla desde cerca me di cuenta que antes Miguel Ángel ya la había fotografiado. ( Miguel Ángel, eso si, lo hacía con la técnica de los” Picapiedras”: a cincel y martillo).

Se que es una costumbre antigua, pero el hecho de enterrar a los papas en los templos o exponerlos embalsamados en una cámara de cristal me parecía una escena de terror religioso. Me gusta y repugna a la vez. En San Pedro se encuentra el cuerpo del Papa Juan XXIII, según se dice, su rostro solo necesitó un barniz, pues no se descompuso como es lo habitual, así que no fue necesario cubrirlo con la típica máscara de plata sino que se lo dejó tal cual. (Embalsamar, otra herencia de los egipcios).
Esa máscara de plata es macabra, como que uno le tiene respeto por miedo. No es preocupante porque estás con gente, pero se advierte el dramatismo en la fila de personas que pasa para mirarlo por unos segundos. No sabes que hacer, no te atreves a decir que es feo, es más, ya no sabes si lo es, pues está cubierto de bellos adornos, iluminado como un trofeo, son unos restos valiosos. Lo único que la diferencia con una obra de arte es que en algún momento fue ocupada por un ser humano, quizás esperando el día en que los muertos resuciten.
Muchos hablan que la confirmación de la fe cobra sentido por la resurrección de Jesucristo. La resurrección es un acto mágico por el cual solo un ser ha logrado volver a la vida. Pero los evangelios dan una información poco clara respecto de lo que sucedió con Jesucristo luego de resucitar. El evangelio de Juan dice incluso que muchas cosas más hizo Jesús luego de haber resucitado sin embrago no se escriben en la Biblia (Juan 20,30-31), también señala que a veces Jesús se apareció a los discípulos no de manera física, pues aun cuando las puertas estaban cerradas él se les apareció (Juan 20,26-27). En otros pasajes él se les aparecía con un cuerpo distinto al suyo pues ellos no lo reconocían sino hasta cuando tomó el pan y lo bendijo (Lucas 24,30-31). O cuando Jesús se les aparece a los siete discípulos, ellos tampoco los reconocen. (Juan 21, 4-17).
¿Cómo era ese cuerpo de resurrección que superó a todos los faraones embalsamados buscando emerger de los valles de la muerte?, un cuerpo que luego de la muerte de Cristo en la cruz, se disolvió en el sepulcro, volvió en forma intangible cuando se le presentó a María, cambió de forma logrando ser distinto al Jesús que todos conocían y luego se volvió tangible y mostrando a Tomás, el apóstol que acuñó el dicho: “ver para creer”, las heridas de la crucifixión.
Qué es resucitar?, cómo es resucitar?, que utilidad puede tener para quien lo experimenta, que utilidad tuvo para Jesús?. Probablemente ninguna y por su naturaleza divina solo fue un trámite más. Para el cristianismo significa mucho pues le dio a Jesús una connotación sobresaliente, superior a la de cualquier humano con herencia, supuestamente, divina como los gobernantes y los faraones. Por mucho que las máximas autoridades del mundo se esforzaran por realizar grandes obras y asombrar a la multitud, lo que logró Jesucristo lo puso por sobre todo lo que conocíamos.
Es así, que por este hecho, la Biblia debiera contener, como un sumo tesoro, todos los conocimientos del cuerpo resucitado, sin embargo, por alguna razón el tema de la resurrección es bastante somero. Por qué siempre que las cosas se ponen interesantes cae la censura y nos acaba el encanto dándonos muy poco, a cambio de creer ciegamente?

Salí del Vaticano con la emoción ejercitada. La gran diferencia entre los grandes monumentos de Egipto con los de Roma, es que los últimos pertenecen a una religión viva y eso le da un sentido latente a la fe, dan ganas de que las esculturas cobren vida y hablen sobre el reino de los cielos de una vez por todas, para terminar con las especulaciones.
Me imaginaba que si nuestra religión tuviese el dinero que antes tenía, y estuviera centrada en descubrir el reino de los cielos, en vez de contratar escultores haría súper producciones cinematográficas mostrando hasta dónde han llegado ciertos santos en búsqueda del paraíso, o documentales en donde los Papas aparecen trasvasijando dinero desde otros planos divinos para apalear la pobreza haciendo trampa por manejar influencias con Dios. Mal que mal la religión y la fantasía son dos estados connaturales al hombre, solo que en una creemos y hasta por ahí no más. Y mientras no llegue Jesucristo en su 4ª venida y nos diga: “si me siguen matando no pienso volver”, las dos nos seguirán haciendo mirar a los cielos.

Capitulo X
ASIS
Parquímetros de la fe


Levantada en la sima del monte Subasio, se encuentra el pequeño pueblito de Asis, coronado por la doble Basílica de San Francisco. Se le dice así pues es una basílica de dos pisos. La entrada la hicimos desde la Basílica Inferior, la cual alberga en el centro del crucero la tumba de San Francisco. La rodean 4 de sus más cercanos colaboradores: fray León, fray Maseo, fray Rufino y fray Ángel, pero un poco más allá existe una quinta tumba, la de fray Jacoba, una noble Romana llamada Jacoba de Sietesoles.
Es conmovedor ver la tumba de un santo rodeado de sus amigos. Me los imaginaba como superhéroes de otra época. Genios de una batalla hacia el interior de las mentes o restauradores de la fé más pura.
Por todas partes hay frailes custodiando el silencio, pues cuando uno paga por algo, pareciera que lo sacro cae al piso y creo que al no cobrar la entrada, lo mantiene en alto. Existen además unos receptáculos con velas electrónicas que al depositarles euros se prende una vela por un determinado tiempo, a estos les llamé, los “parquímetros de la fé”, pues cuando la velita se apagaba parecía como si alguien dejara de interesarse por el santo. Pero luego venía otro devoto y ponía un euro y volvía a encender la fé. No es menor esto de que la fe, como la luz en las tinieblas, se sostiene en base a que más personas sienten y piensan su amor hacia Dios por el mayor tiempo posible. Para mí, eso es lo que sostiene en esencia a la religión.
Me maravilló que el tesoro de la Basílica, fuera una simple y cenicienta túnica que uso San Francisco en sus peregrinajes por Italia. Parecen como alas de un ángel o su vieja armadura.
En el interior de la basílica inferior se puede respirar el aroma de la fe, en esos fieles que culminan alguna peregrinación a los pies de la tumba de San Francisco. Y al mirarlos orando, luego de quizás cuantas barreras surcadas antes de llegar, pienso que todo sacrificio vale la pena cuando alguien, producto de su fe, logra llegar a la basílica.
En la parte superior, el templo se alza hacia el cielo dando espacio a las imágenes del Giotto, quien posa sus trazos sobre los muros buscando dar forma a los sueños de San Francisco.

Los Sueños


Francisco soñó una vez que el crucifijo de la iglesia de su pueblo le hablaba y le decía que debía reparar la iglesia. Pidió dinero a su padre, un noble adinerado, y así consiguió los fondos para hacerlo. Posteriormente volvió a soñar exactamente lo mismo que, pero esta vez sacó dinero de las arcas de su padre sin pedírselo, y al sorprenderlo, su progenitor lo desheredó. Tuvo que acontecer un tercer sueño, para que Francisco entendiera que lo que debía hacer era restaurar la iglesia desde sus bases y que la petición no se circunscribía a la iglesia de su pueblo, sino a la iglesia como institución.
¿Quién, me pregunto yo, en su sano juicio, luego de tres sueños puede decidir abocarse a reestablecer los fundamentos de la iglesia?
Solo los que van a ser santos, los que serán genios o locos, incomprendidos y vapuleados por su generación, los que sufrirán por creer en algo que nadie más cree, esos que se adelantan y quedan solos para luego forjar un mundo menos hostil y más tolerante. De esos hay muy pocos y en estas tierras europeas logran verse los rastros de muchos de ellos.
Creo que a nosotros como pueblo, en Chile, no nos faltan santos, locos ni adelantados sino más bien creer en ellos.
Cuando Francisco, impulsado por su cometido, recurre al Papa Inocencio III, este lo mira con desconfianza y le niega la posibilidad de crear su orden. Sin embargo, esta vez él sueña despierto y ve a Francisco sosteniendo sobre sus hombros a la Iglesia. Sorprendido, no tuvo más remedio que autorizar la creación de la Orden Franciscana y sumarse a la gran revolución en nombre de la humildad, la simpleza y de los carismas sobrenaturales con los que San Francisco iluminó a la santa congregación.
Dejaba atrás el templo, el cual producto de la neblina, desdibujaba sus frisos, como si Giotto, desde el cielo quisiera afinar la obra maestra dedicada al “santo Pobrecillo”. (Cariñoso sobrenombre que recibió San Francisco luego de su beatificación)

Me impresiona ver como en cada época de la historia los sueños vienen a corregir el rumbo y nos dirigen con su innegable poder, desde lo más profundo de nuestra psiquis. Me insinúa una naturaleza que cree en los sueños, como el fundamento que hace que las cosas nazcan con un propósito, muy por sobre nuestros humanos caprichos. Lo que más me sorprende es que para creer que el futuro -lo ignorado- será benéfico, solo necesitamos un sueño.
Existe una relación muy estrecha respecto de lo que dicen las culturas egipcia antigua y la tibetana sobre lo que sucede después de la muerte y las experiencias de los sueños lúcidos. Estos últimos son la posibilidad de adquirir conciencia en los sueños, darnos cuenta que lo que vivimos en realidad es una experiencia onírica y que además podemos influir en ella o nutrirnos de su simbología con total lucidez tal como lo hacemos en la vida física.
Bien lo mostraron los sueños de José en Egipto, los que tuvo Tutmosis IV, los de Francisco y la visión del Papa Inocencio III.
Las pruebas que logramos superar en las visiones de encuentros intentando establecer algún contacto con un aspecto de nosotros o a veces con un ser desencarnado son extremadamente parecidas a las que muestra el Bardo Thödol o Libro Tibetano de los Muertos, en donde las deidades iracundas van mermando nuestra lucidez al grado que vamos sucumbiendo en conciencia al temor de las imágenes. O en el caso de los egipcios con las presencias de Osiris, Isis y Horus en la trilogía del abandono del cuerpo físico. Set, Anubis y Thot que componen el triangulo de las pruebas divinas a las puertas de la Duat, el paraíso o el infierno.
Por tanto quienes logran entrenar su estado de conciencia tanto en los sueños como en la vida diaria, indudablemente tendrán mayores posibilidades de surcar con éxito los planos de existencia más allá de la muerte del cuerpo físico.
Los conocimientos están, pero hace falta entrenamiento pues comienzas a creer, luego que las experiencias te muestran que los antiguos tenían razón y que manejaban un conocimiento de profunda sabiduría, que lamentablemente se extravió en el tiempo.

Recordaba que en mi país, los sueños también han movido pueblos enteros.
Por ejemplo, la primera población de la Isla de Pascua (situada en medio del Océano Pacífico) aconteció luego de que el Gran Rey Taane-Aroi soberano de una tribu Maori, delegara su poder en su hijo mayor Hotu Matua. Este, al ver que su tierra se hundía lentamente y muchas personas conseguían la muerte, decidió partir junto a 17 hombres a buscar nuevas islas donde poder vivir. Pero su búsqueda fue infructuosa pues la mayoría de los islotes se encontraban habitados. Fue entonces cuando, Hau-Maka, gran sabio y sacerdote de los Maori, tuvo un sueño en que Make-Make, el Dios más poderoso en que creía su pueblo, le llevaba por los aires, mostrándole una isla inhabitada. En esta visión Hau-Maka pudo recorrer casi la totalidad de la isla y dejar estampados sus pies en las piedras volcánicas aledañas al volcán Rano-Kau. Al volver a su cuerpo (así cuenta la leyenda) el sabio saltó de alegría y comunicó esta visión a su Rey, el que esperanzado mandó un grupo de 7 hombres en avanzada y luego partió en dos piraguas (embarcaciones ancestrales casi insumergibles con la proa y popa elevadas en forma de cuello de pato) junto a 300 hombres seleccionados y en la otra la reina junto a un igual número de mujeres. Al llegar a la isla y reconocer los lugares mencionados por Hau-Maka, y sorprendentemente las huellas de sus pies en la roca del volcán, supieron que era la tierra prometida. Se establecieron en la playa Anakena, ya que era el mejor lugar para fundar y la llamaron “Te-pito-te-Henua”, el ombligo del mundo.

Monday, May 29, 2006


Capítulo XI

POMPEYA
La ciudad de los inventos urbanos


Para viajar de Roma a Pompeya tuvimos que levantarnos a las 4 de la mañana. Todavía con los ojos a media asta, nos mirábamos unos a otros en el bus, buscando una explicación por aquel horario. Nuestra guía volvió a susurrarnos con voz maternal:
“Tenéis que recordar que vosotros no andáis de vacaciones. Para eso os vais a una playa, os tendéis dos semanas mirando el horizonte y ya”!.
Vosotros, -nos alentaba con voz dulzona- andáis “turishtiando”. Y un turista debe hacer ciertos sacrificios para llegar donde quiere llegar, para ir más lejos y sacar aun más partido al tiempo, a los medios de transporte y para ver la mayor cantidad de cosas y ciudades posible”. Y tenía razón, pues todo fue una maratón de lugares y emociones que solo hoy, luego de un mes en Chile, puedo macerar en mi mente y sacar de mi cuerpo.
Le comentaba a mi madre, quien escribía a toda máquina sobre un pequeño cuadernito absolutamente toda acción y lugar que visitábamos, que alguna vez dije que nunca viajaría como turista, en un rebaño de gente, que si lo hacía sería gracias a un proyecto bajo la mano y a buscar un rumbo concreto. Son las cosas de la vida, hoy viajo como turista, con mi madre y no me lo perdería por nada del mundo.

Al cabo de tres horas ya estábamos frente al antiguo enclave. Una de las garantías de ir en grupo es que puedes acceder a lugares sin tener que hacer grandes filas, si es que tus guías disponen de alguna antigüedad en el rubro.
Pasearse por aquellas callejuelas conservadas por las cenizas hace más de 2.500 años, sobrecoge. Miraba el volcán Vesubio y desde la ciudad se ve bastante distante como para sentir que podrás escapar de alguna erupción. Sin embargo aquellos Pompeyanos, quizás los más incrédulos, sucumbieron a la nube de ceniza tóxica que grabó para siempre sus últimos respiros. Hoy caminábamos sobre sus exhalaciones.
Pompeya es una maqueta de ciudad, pequeña pero completa en su equipamiento. Posee su anfiteatro, teatro, calles comerciales, termas, edificios públicos, templos, casas de nobles y por supuesto lupanares.
Por su naturaleza lávica, curioso antecedente que bien pudo ayudar a los Pompeyanos a darse cuenta que, debido a que el suelo era eminentemente volcánico y no les permitía construir en altura, podrían haber sospechado que se encontraban en medio de un futuro pasillo de lava. Bueno, luego de 2000 años cualquiera puede especular cualquier cosa. Si hubiera vivido en Pompeya no se me habría pasado por la mente irme a otro lugar solo por que el terreno era duro. Además, con tantas invasiones: primero los Etruscos quienes la fundaron, luego los Samitas y posteriormente los Romanos, que se va a imaginar el último que llega, que su victoria lo ha dejado a las puertas del horno.
Por la misma razón les fue imposible realizar buenas obras de alcantarillado así que evacuaban las aguas hacia la calle. De ahí que los diseños urbanos más ingeniosos, entre otros, se encuentran en las veredas y las calles. Hay pequeños orificios para amarrar a los caballos, piedras de tope que sirven tanto para evitar que los peatones se mojaran con los desechos que corrían libremente por las calles, como para evitar que las carretas ingresaran a una zona prohibida. Hasta un pene tallado en sobre relieve indica, cual aviso luminoso, la ubicación de un lupanar (nótese que para hacer un sobre-relieve la piedra debe venir tallada antes de ponerla. Ya me imaginaba el local donde las tallaban, lleno de penes grandes y chicos dependiendo del nivel del lupanar, esos de seguro fueron los primeros Sex-shop). Así mismo los mosaicos en las paredes del lupanar explicitan las posiciones que son la especialidad de la casa. El cliente sabe a lo que va y a menos que el dibujo no haga honores de la figura de la gentil doncella, tampoco podía alegar publicidad engañosa.

Es un privilegio estar ahí pensando en que todas las más antiguas ciudades de occidente partieron como ésta. Pero aquella se detuvo en el tiempo, la naturaleza la cubrió con un manto y poco a poco resurge de las cenizas como el ave fénix, mostrándose como una joya del pasado, como una fotografía tridimensional, por la cual te puedes desplazar.
La mayoría de las ciudades dominadas por el imperio debieron fortalecerse, cercándose con grandes murallas. Estas albergaban pórticos de entradas y cada uno tenía el nombre del destino que traía la vía de acceso. De este modo; “Porta Marina” era el acceso de quienes venían desde el mar o “porta Vesubio” de quienes hacían su ingreso desde esa dirección. Ojalá no haya entrado por ahí la lava, hubiese sido otra gran ironía de la naturaleza.
Esta configuración se puede apreciar en casi todas las ciudades Italianas. Al igual que el emplazamiento de los castillos o casas de las familias nobles sobre montes, dominando las explanadas cultivables. Al recorrer los montes Apeninos así como los Alpes entre Italia y Francia, da una panorámica parecida a la de un cuento de hadas, en donde la coronación de cada monte culmina en un castillo o un poblado escarpado en sus cimas.

Aquí resaltan los primeros “Spa”. Con piscinas frías y calientes, para hombres y mujeres, saunas y espacios para asolearse, con un circuito por el cual pasaban largas horas al día. De pronto me imaginaba la recreación de la vida, tal cual la experimentaban los pompeyanos; ver a una familia habitando en una casa restaurada con los atuendos y ornamentos de la época, sería genial. Estos Italianos, seguro que lo van a hacer y luego habilitarán el teatro para asistir a una tragedia de la época y así hasta llegar a las peleas entre gladiadores.
Sorprende además la gran cantidad de templos. Estaba el de “Apolo”, el de “Venus” pero que fueron perdiendo vigencia al ser superados por el dios Zeus. Pero los había también con rasgos egipcios como el de “Isis”.
Al imaginármelos con personas experimento una extraña sensación. Por un lado pienso, a las luz del Cristianismo, que sus dioses eran un invento del cual se alimentó la fé de miles de personas por muchos cientos de años, pero por otro, en nada se diferencia a nuestras creencias, que hoy en día se aprecian vigentes en la mente y el corazón de sus creyentes, pero así como aquellas, nada priva al Cristianismo de perder a sus fieles producto de la venida de un nuevo y más fuerte Mesías.
Algo me hacía pensar que en la religión también existe el concepto de “la creencia de moda”. Zeus lograba avanzar sobre Apolo y Venus debido a la afinidad con que el gobernante de turno lo hacía participar de sus victorias y de esta manera el pueblo lo adoptaba como más “real” que los otros. Los cristianos en Egipto fueron censurados, expulsados y mutilados, al igual que en Roma, pero cuando Constantino declaró al Cristianismo como la religión oficial, los templos egipcios y sus dioses fueron destruidos y olvidados en el tiempo.
Tengo la tremenda cazuela dentro de mi cabeza, entre religiones y creencias de moda. Pero me pregunto una cosa: “que pensarán los dioses o Dios de todo esto”. Quizás para él ya estemos pasados de moda y se encuentre gobernando sobre mundos más “vigentes” que el nuestro. Y en ellos sea un ser real del cual no se deba tener fe sino certeza de su existencia.
Capítulo XII

NÁPOLES
La Cosa Nuestra


Al llegar a Nápoles, ciudad ubicada en el litoral del sur de Italia, el carrete era extremo. Llevábamos seis ciudades visitadas, trasnochados a rabiar, más los templos egipcios, dos semanas de dejar los pies en cada centro urbano. Por lo tanto llegar a Nápoles parecía un trámite más.
La ciudad es menos turística que las anteriores. Como llegamos un domingo, los locales comerciales se encontraban cerrados y la gente muy relajada en las calles. Eso nos dio una perspectiva más familiar del lugar. Apreciación que no nos había tocado experimentar, y que se convirtió en toda una sorpresa.
La gente se congregaba en unas pequeñas plazas, atestadas de motocicletas. Hacia los cerros se extendían barrios peligrosos, en donde el “pato malo” recibe el nombre de “mafioso”, pues aquí todo queda en familia. Nos advirtieron que esta era la capital de la “Cosa Nostra” y que del cerro para arriba no nos metiéramos. Pero con mi madre decidimos avanzar un poco y adentrarnos entre callejuelas y pequeños comercios. Es difícil pesquisar quien puede ser alguien peligroso en un lugar en donde todos se ven bien. Aquí el estigma del negro chulo no sirve, a menos que seas muy negro pero con eso quedas descartado como pariente de italiano. Aquí es como que el jovencito de la película le dijera a mi madre: “pasare tutto quanto avere” y en medio del shock ella le respondiera, ya!, pero si me das un beso y tu autógrafo. Bueno, quizás exagere un poquito en beneficio de los italianos.
Pero escudriñando entre las sombras de la mafia italiana, esta se congrega en tres lugares y para cada uno existe su propio clan dominante. En Sicilia ejerce su poder la mítica Cosa Nostra; en Nápoles, la Camorra; y en Calabria opera la cada vez más poderosa y peligrosa Ndrangheta. Cada clan cuenta con un ejercito de hombres (según informes de empresarios oprimidos por dichos grupos llegan a 100 mil), los que exigen el “Pizzo”, especie de “impuesto revolucionario”, que les garantiza tranquilidad para trabajar. Las ganancias de la mafia alcanzan al 3,4 del Producto Interior Bruto (PIB) de Italia, unos 36 mil millones de Euros y el rubro se extiende desde recortes en los dineros destinados a obras de infraestructura “mojando a las autoridades” o en su defecto realizando las obras como subcontratistas y si esto no lo logran, derrumban a las empresas que ganan las licitaciones asegurándose total hegemonía sobre el mercado. Hace una década se encargaban de los secuestros de personas famosas o adineradas a las que escondían en las cuevas de la inexpugnable montaña de Aspromonte, al sur de Calabria. Con semejante currícum nos sentíamos fuera de segmento, pues se trataba de una mafia de altas esferas. Estos italianos no se andan con cosas de robos pequeñitos, así que nos mantuvimos firmes en nuestro propósito de recorrer la cuidad.

Al cabo de un rato decidimos bajar al plan en busca de un café, de esos “típicos e imperdibles”. Camino hacia el centro, advertí un inusual modo de pobreza, parecida a la cuidad de Valparaíso, con la diferencia que la gente aquí habitaba en casas muy antiguas y no entre cuatro palos y unas latas. La suciedad de las calles evidenciaba el descuido de una ciudad porteña, mucho menos turística que el resto y probablemente depreciada por el vampirismo de la mafia.
En un café que parecía ser bastante importante, tapizado de fotos de la farándula italiana, nuevamente nos asaltó el mozo con cara de vedette, quien lanzaba como cartas, platos de café y con sonrisa picarona le preguntaba a mi madre que iba a pedir. El cajero nos tiró las monedas tal como lo esperaba, así que incluso tomé la distancia requerida para que cayera en mi mano (aprendo rápido) y arrinconados en aquel sucucho nos tragamos el cafecito con gusto a espuma, fieles al ritual del turista “oveja”. Pero cuando ya las cosas no son novedad es como si tuvieras un punto a favor, no gastamos tiempo en molestarnos, incluso con más ganas podríamos habernos vinculado más y haber logrado alguna amistad. La barrera del idioma quizás pudo más.
El problema de ser una cuidad que se encuentra al final del recorrido, nos hacía ver como si todo fuera una copia de lo que ya habíamos visto. Una copia del Panteón mezclada con la plaza de San Pedro, es una de las obras más relevantes, más una fachada que cobija a los reyes que por siglos tuvo la ciudad. Hasta encontré un tocayo, Federico II.

Ya cansados y con ganas de volver, esperamos al grupo que venía de la isla de Capri, para volver a Roma donde terminaría el tour de las siete ciudades. En un día acabaría un viaje en que compartimos alrededor de 50 personas, eso nos agregó la dinámica de la nostalgia y comenzamos a vernos las caras con esas miradas del que nunca más te verá.

Con Mario y su Señora
Con Ridel y su Señora

Los Amigos

En un tour donde estás constantemente circulando de un lugar a otro, conoces a mucha gente, pero con pocos llegas a una intimar un poco más allá de las apariencias; se necesita un carácter especial y ganas. Una noche de copas pude compartir unas cuantas historias con un extranjero amigable que volcó su simpatía a la mesa al son de cigarros y risas. Otra noche me senté junto a un catalán y el viaje nos soltó la lengua, en fin, un viaje, una historia, miles de palabras, unos cuantos amigos.
A nosotros nos tocaron historias que nos dieron como resultado conocer a una pareja de argentinos radicados en Roma. Simpáticos, de buen humor y muy cariñosos. Con esa mirada aguda sobre lo que costaba cada cosa, sobre las propinas inapropiadas, con una habilidad para negociar, me los imaginaba apadrinándome en todo lo que me parecía injusto. Debieran haber más personas como ellos, poniéndole el ojo a todo lo que no parece justo, claro que al cabo de un tiempo veía a Mario (el argentino) medio agotado, es que en Egipto las cosas no funcionan como en occidente, te ponen los pelos de punta, pero bueno, el era calvo. En algo me hacia recordar a mi padre (que también es calvo) pero con este podía jugar, por ahí quedaron fotos besándole la pelada.
En el tour por Italia se escuchaba un vozarrón de un Madrileño en el primer piso del bus, era un pequeño hombrecillo con un espíritu genial. Una mezcla entre Chespirito (por el tamaño) y Julio Iglesias (por el tonito de voz, pero con carraspera), con respuestas para todo y un humor inquebrantable, pintó el viaje de una gracia especial, que la vez que enfermó hizo que los silencios nombraran su ausencia. Él y su señora llevaban por nombres Jesús y María, me parecía increíble que se llamaran así, a nosotros nos pareció una señal pues representaban nuestro sentido del viaje así como Jesús y María mi madre y yo, entre tantos templos visitados. Jesús (El mortal que viajaba con nosotros), utilizaba el antiguo y sabio ejercicio de reírse de si mismo (ahora que hago memoria, Jesús el divino, no acostumbraba a reírse de si mismo. Sólo era un dato freak). Recuerdo que metidos en un bar que más bien parecía un bosque inmenso de altos italianos, alemanes y canadienses, Jesús caminaba como duende pero al llegar al mesón su vozarrón nos generaba el espacio suficiente para que nos atendieran sin problemas. El podía hacer reír a las más serias Italianas con unos cuantos sonidos pues con tanto dicho español dudo que las Italianas hayan entendido algo pero veían a este hombre dirigirse hacia ellas con tal naturalidad, que solo reían. Lo que es tener el don de la palabra, no?.
También conocimos a una mexicana quien viajaba sola y vestía de un eterno negro casi religioso. Con una voz encantadora y de delicada figura siempre le puso algún comentario ingenioso a muchos lugares por donde pasamos. Son de esas personas que guardan dentro de si un mundo al cual hay que penetrar con ingenio y destreza y que muchos dejan pasar solo por que no brillan lo suficiente, pero que al conocerlas te das cuenta que privan al mundo de una hermosa visión. Es el perfil, muchas veces de esa soltera viajera, de la escritora depresiva, de la trabajólica que fue obligada por su empresa a tomar vacaciones o de la mujer independiente que encuentra que viajar con compañía es señal de debilidad. Cuando logré hablar con ella me pareció que era la trabajólica, pero al conocerla mejor descubrí un sentido del humor excepcional, nada que le dijeras volvía a ti sin un aditivo gracioso. Me recordaba a mi abuela, cerrando un ojo después de una ironía, claro que con 50 años menos.
Un personaje que me gustó por su entrada tipo Pancho Villa fue Ridel. Partió diciendo que se llamada como Fidel Castro pero con “R”, quien no retiene su nombre si no es así?. Con un acento centroamericano, acaramelado y con la sangre de un latino entrado en carnes, alto y gozador, alcancé a compartir unas copas en un bar gracias a que celebraba su cumpleaños. Compraba cada dos horas una cámara fotográfica ya que la cámara digital la había olvidado en Miami. Pobre Ridel, lo miraba y me decía, al verlo comer por cuatro días esos malditos pollos con papas fritas, eso si debe haber sido una prueba para él, siendo presidente de un prestigioso laboratorio, acostumbrado a comer de lo mejor de los mercados culinarios y estar condenado a masticar cueros y papas por Italia. Luego de unas cenas, desapareció con su mujer y se fue a comer de verdad, grande Ridel!

La Tía Nancy, era una señora con muchos años de tía. Que viajaba junto a su sobrina de veintitrés años llamada Carolina. Ella se quejaba que su tía era muy distraída y que si se perdía era por su propia voluntad. Estos comentarios los encontraba francamente censurantes, sin embargo, al conocer a la Tia Nancy reconocí la paciencia de la joven sobrina.
Tia Nancy se perdió en Milán, Florencia, Verona, Roma y Capri, pero milagrosamente siempre volvía. Sus maletas circulaban entre los dos buses en que viajábamos, nadie se las bajaba por que ella no aparecía, pero al día siguiente la veía en el desayuno lo más contenta. En Capri se le fue el trasbordador y a los veinte minutos ya estaba de vuelta. Esa vez le dije al grupo del bus que si la Tia volvía en quince minutos yo le besaría los pies, lo bueno es que llego en veinte.
Ella se las arreglaba explotando su imagen de abuelita desvalida, preguntaba a quien se le cruzara hacia donde tenía que ir, del resto se encargaba, Dios, los ángeles y todo el resto del mundo. Lo que motivaba sus extravíos era ser una compradora compulsiva y todo lo que veía lo convertía en regalos para alguien, de esta forma no podía mantener un recorrido en línea recta por más de un minuto. Pero era una persona adorable y siempre me inspiró mucho cariño. Hasta mi madre, mi hija y yo recibimos regalos, después de dos meses en Chile para navidad.

Thursday, May 25, 2006

Con Leticia a la salida de la Basílica de San Pedro.
Frente al Coliseo o Anfiteatro de Roma

Capitulo XIII

DE VUELTA A ROMA
Reflexiones de un turista



De vuelta a Roma para terminar el tour, faltaba el Coliseo Romano. Llegamos en la tarde y al bajarnos divisamos unos… Romanos!?. Eran unos personajes disfrazados de Romanos a la usanza del antiguo imperio. En cualquier lugar, los tipos que se disfrazan nunca cumplen el objetivo de parecerse a quienes representan. No se por efectos de que, uno nunca les logra creer. Está bien, si sé. Lo que sucede es que estos romanos de partida estaban medios copeteados, me imagino que para resistir todo el día necesitas alguna ayudadita, sobre todo si lo haces con coreanos o japoneses, que te exigen la paciencia similar a la que tienes cuando juegas con niños Down, además se parecen.
Los trajes siempre son como “si fueran” y no como fueron. Pero bueno, se hace irresistible no sacarse una foto con ellos, sobre todo para los gringos que alucinan con ese tipo de cosas “freak”.
El Coliseo comenzó a llamarse así, muy probablemente por encontrarse cerca del coloso de Nerón, pero también recibe el nombre de “anfiteatro” debido a que arquitectónicamente, es la unión de dos teatros enfrentados, sin embargo con un pequeño ajuste debido a que su forma es elíptica pues si fuera la unión exacta de dos teatros seria más parecida a un “Domo”.
Como muchas cosas en Roma, pero esta por excelencia, posee una magnitud que incluso ahora, siendo la mitad de lo que fue, impresiona por su magnificencia. Es más que un gran monumento, representa el símbolo de la Roma imperial, de la idiosincrasia de un pueblo que para su inauguración, la cual duró 100 días, vió morir a 9.000 bestias. Dicen que no existe historia en Roma, que no esté ligada con algún momento del Coliseo. Y por el siglo VIII d.c., el venerable Beda cantó: “Mientras exista el Coliseo, existirá Roma, cuando caiga el Coliseo, caerá también Roma; y cuando caiga Roma caerá el mundo”.


El Turista

Que distinta es la vida de un turista. Pasar todo el día recorriendo el centro de distintas ciudades. Sin vincularse a la gente ni a la rutina de la ciudad, conectados desde si mismos hacia la historia de la humanidad. Fotografiando momentos y buscando algún ciber o tienda donde descargar las fotos. Eres como una burbuja que vaga por lugares, hoteles, restoranes y al volver a tu tierra desapareces en los cielos sin dejar rastro.
Si hay un guía, este se convierte en una especie de mesías al que hay que seguir. Eres parte de un rebaño que vuelve a mirar todo con una luz distinta si es que el guía apunta hacia algún lugar o una obra.
El viaje se asemeja mucho a la vida misma, partir con un rumbo pero ver que a cada momento las cosas van cambiando, las personas aparecen y desaparecen de tu vida mostrándote que la constante es ese cambio. Muy parecido a la muerte. Avanzar y recorrer, vivenciar, sorprenderse, extasiarse y luego aburrirse en el bus, avión o tren, para contemplar en recogimiento, las experiencias vividas, así cuando somos jóvenes y disfrutábamos de la vida, luego cuando viejos recordamos lo vivido y entendemos muchas cosas de aquella vida loca.
Nunca estás lo suficiente en un lugar como para aferrarte a él, luego de un tiempo sabes que algo te falta pero que has descubierto como desapegarte de lo que creías, era la inevitable rutina de tu vida. Por eso, cuando regresas es lógico sucumbir a la depresión post viaje, pues chocas de frente con la dramática rutina del diario vivir. Tu rutina de vida por años encriptada en tu pieza, casa, barrio, colegio, universidad, trabajo, ciudad y país. Los amigos, los familiares y los hijos son la otra cadena que te aferra a lo aparentemente inmutable, al lugar que sientes que te corresponde en el mundo.
Pero al viajar te das cuenta que puede que no tengas un lugar, que quizás eres del mundo y parte intangible de la humanidad, que nace y muere dejando rastros de sus obras y volviéndolas a destruir. Hacer y deshacer es la historia de creencias, visiones del mundo, gobiernos y guerras. Que tu estadía o tu huella en este mundo realmente es un suspiro que solo apreciarán unas cuantas personas y que al morir ellas, nadie recordará. Incluso de quienes, con mayor fama, logran trascender la barrera de su vida y se instalan en la memoria colectiva, se sostienen en base a un recuerdo distorsionado de ellos, amasado por las creencias y los prejuicios de muchos, en suma es a otro a quien recordarán.

Luego de esto caigo en la cuenta que somos ese momento que vivimos, esa reacción al medio, esa conexión a las personas y seres que se toparon con nosotros en los diversos momentos de nuestra vida, y más allá de ello, seguiremos siendo lo mismo pero en otras circunstancias, en otros planos de existencia. No vale la pena pensar en ser recordado pues ya no serás ese recuerdo, no serás la pena de quienes te extrañan, no serás tus obras, ni tus hijos, por mucho que se te parezcan, solo eres el momento de tu existir donde quiera que vayas, aquí en la tierra o en el más allá. Una sutil sincronía compuesta de puro presente circulando desde tu interior hacia lo que te maravilla allá afuera, lo que te entusiasma, atemoriza y enamora.

El tour llegaba a su término, y muchos se miraban como diciéndose, ya no nos veremos más. Efectivamente, nunca más nos vimos. Es que las cosas son así a menos que retuerzas el destino y busques a alguien a quien viste por una sola vez y logres dar con él o ella.
El ochenta por ciento del grupo partió en dos tandas, una para el país vasco, en España y otros para Madrid.

Capitulo XIV

COSTA AZUL
Mirando hacia adentro


El tour en el que viajaban todos los catalanes terminaba en Roma con un vuelo de vuelta a España. Pero nosotros seguíamos junto a unas 10 personas rumbo a Madrid por tierra.
El viaje consistía en recorrer toda la costa del mediterráneo que toma parte de Italia, Francia y España, hasta llegar a Barcelona.
Los parajes se extienden primero como una infinidad de puentes y túneles pasando por los Alpes hasta llegar a Francia. No me imagino como lo hacían cuando no existían estas carreteras que horadaron los montes y redujeron las distancias al grado más óptimo. Dar vueltas en burro y cruzar de un país a otro por todos los Alpes debe haber sido tan vertiginoso como andar en un carrusel a cien kilómetros por hora.
El paisaje en Italia se advierte como un verde montañoso que en cada cima se encuentra coronado por un castillo, una casa o un poblado, al pasar a Francia el paisaje se aplana y ves la costa oriente del Mediterráneo. Aparecen las canteras de Carrara, de donde proviene el mejor de los mármoles y el más blanco.
Recuerdo a un profesor de mi universidad hablando sobre el mármol de carrara como una exquisitez de las terminaciones, era como una especie de caviar lujoso solo para propietarios adinerados y de gusto refinado.
Llegábamos a una ciudad desde su periferia y nuestra guía nos anunció que era Mónaco. Mi madre, guiñando un ojo, murmuró: donde vive la princesa!.
Avanzamos rápidamente para alcanzar a llegar a Niza durante la noche.
Recorrimos los casinos de la ciudad que es como la madre de “Viña del Mar”. Con una costanera nutrida de casinos, una extensa playa que pareciera dar a un lago más que a un mar. Absolutamente llena de restoranes y tiendas de moda.
Al salir por la mañana vi el amanecer más extraño de mi vida. Desde niño vi salir el sol por la cordillera y ahí estaba, saliendo desde las aguas e iluminando las calles lavadas por los aseadores de la ciudad. Un amanecer con una puesta de sol, una hermosa contradicción.
El trayecto llegaba a las 14 horas y mi madre me decía no dar más. Quería terminar este viaje ahora mismo.
Para mi el hecho de no volar me traía descansadito. Con este tiempo pudimos hablar desde nosotros y conocer un poco más a nuestros compañeros de viaje y por último informarme de las peripecias de la Tía Nancy respecto de todas las veces que se perdió pero que siempre, por algún milagroso motivo, logró regresar al tour.

Sólo mirando lo que cada una de estas personas hacía para desenvolverse durante la travesía, logré dar con algunas observaciones interesantes:

La tía Nancy siempre que preguntaba a alguna persona por una dirección o alguna duda, lo hacía en su español sin importarle si le entenderían o no. Ella dejaba que los demás se las arreglaran para darse a entender. Muy por el contrario al estilo de todos nosotros que nos esforzábamos por encontrar las palabras para preguntar por algo mientras nuestro interlocutor observaba los gestos de la angustiosa búsqueda mental del concepto idiomático atascado en nuestra memoria.
Mi madre, por algún motivo inexplicable, se duerme leyendo (lo ha hecho desde que yo tengo uso de memoria), pero al convivir con ella tres semanas, me di cuenta que lo hace toda la noche, entremedio de sus sueños. Recuerdo una vez que volvía de la salsoteca, como a las cuatro de la mañana y ella se despertó. No me miró, solo agarró su libro y entre medio de sus lentes, continuó leyendo. Al medio minuto ya estaba dormida de nuevo pero con el libro en la mano. Me acerqué a ver como lo sostenía y el gesto era como de estar leyendo con los ojos cerrados. Si es que lo hace soy hijo de un fenómeno. Todavía hoy me pregunto por que simplemente no lo deja ahí y se duerme de una vez.
Ridel, para obtener un buen servicio entre estos restoranes que nos trataban como ganado, lo hacía al estilo latino: pagaba a un mozo y ese lo atendía mucho mejor, por eso siempre se le veía sonreír durante las cenas.
Una mujer argentina cargaba siempre un sobre con documentos. Los llevó todo el viaje entre sus brazos. A veces jugábamos a adivinar que guardaba esa mujer en el curioso paquetito. Algunos decían que eran títulos de propiedades, pero por qué no los dejaba en su maleta. Otros decían que las maletas las había dejado con llave y que no las habia abierto desde que salió de Buenos Aires. Siempre fue un misterio y nunca nadie se atrevió a pedirle alguna explicación, quizá por miedo a recibir un molesto: “y a usted que le importa!”. Al final nunca se supo. Para mi que era el acta de su divorcio y su ex esposo era un acaudalado empresario argentino.
Miraba a Leticia, una mejicana que se sentaba frente a nosotros y de vez en cuando conversaba con ella. Miraba el paisaje como si se nutriera de todo lo que veía y con un tono femeninamente ronco y cantadito, respondía a mis preguntas dejando el respectivo silencio para que le hiciera otra. Al finalizar el viaje quede con la sensación de que me hubiera gustado haberme comunicado más con ella. (Posterior al viaje nos seguimos comunicando por mail y espero que nuestra amistad se mantenga por muchos años).
El pelado Mario, en Egipto, era un negociador. A todo le encontraba un pero y desde ahí lograba descuentos más que razonables. Trataba con cada mozo por separado y de ese modo obtenía un buen trato de parte de todos. Un tipo mitad Italiano mitad Argentino la mezcla perfecta del hombre verbalizador de todo lo que piensa y del que responde a toda apreciación buena o mala de las cosas.
Razonando sobre todas las cosas que vimos, apareció algo que yo llamé: “el poder del Guía”. Este personaje con mirada perdida y voz de robot producto de repetir una y otra vez lo mismo (esos son los malos), o con la facultad de convertir una simple escultura en una obra de arte (esos son los buenos). El guía utiliza sus manos como verdaderas varitas mágicas que hacen que la historia de las cosas tengan un valor sobrenatural, y para el turista cobra sentido sin cuestionamiento alguno.
Nuestra guía en Roma, una italiana forrada en cuero, nos contaba la historia del Coliseo y poco a poco, hipnotizados por sus cuentos nos trasladábamos a aquellas épocas de gloria del imperio. Cuantas esculturas pinturas y obras de arquitectura, pasaron por mi lado sin pena ni gloria solo por que la guía no se detuvo a contar su historia. Pero cuando ella se detenía en algún hito, al parecer importante, las manos se nos iban sin control sobre las cámaras para fotografiar un agujero en la piedra, la obra perdida de Vernini o un pene tallado en una calle de Pompeya.
Todo lo que el guía dice parece ser una verdad absoluta. Es que te lo cuenta alguien que te da la sensación que lo sabe por que casi estuvo ahí.
Lo dramático acontece cuando sabes un poco más de las obras que estas viendo y logras percatarte de que el guía ha cometido un error garrafal en su comentario.¿Serás tú acaso, el aguafiestas que se atreverá a contradecir al guía?, o callarás para luego comentar a sus expensas que este se equivocó? He aquí el mudo sufrimiento del turista letrado que se puede distinguir alejado del grupo mirando cosas que nadie ve, masticándose la rabia al ver tanta información contradictoria o bien el turista ganado que no muestra el más mínimo interés en profundizar sobre lo que ve y que a la tercera obra ya olvidó los nombres, las fechas, los lugares y solo se limitará a decir: “fue hermoso, fantástico, alucinante”.

8.- Mi madre en eso ganaba terreno sobre todos los demás turistas. Una vez me dijo: “Me siento aislada, nadie comprende mi problema, no escucho lo que dice el guía y me estoy perdiendo todo”.
Nos pusimos de acuerdo para que ella lograra situarse al lado del guía. Como andaba con un cuaderno para todos lados, se paraba frente a él y comenzaba a tomar nota. Eso les encantaba a estos señores que están acostumbrados a escupir el monólogo, a que no hayan preguntas y pasearse de un lugar a otro en esta singular procesión. Mi madre se convertía en la regalona e incluso los guías le repetían datos para que los pudiese apuntar. Mas de algún catalán del grupo me decía: “vamos a tener que pedirle los apuntes a vuestra madre para poder decir por donde anduvimos”.